alioli

Una vez que te acostumbras a cocinar y a comer medianamente bien, suele ocurrir que cuando vas a un bar – porque que sepas cocinar no quiere decir que tengas que pasarte el día en la cocina, también hay que salir a que nos dé el aire- y pides algo sencillo que tienes el culo pelao de hacer en casa, y lo comparas con lo que tú mismx haces, te acaba pareciendo una puta mierda.

alioli tradicional a mortero

A mí me pasa mucho con las papas arrugás con alioli. Y debo ser masoquista, porque bar al que voy, bar en el que las pido, sólo para constatar que lo que ellos se empeñan en llamar papas arrugás no son más que papas cocidas y que lo que llaman alioli no es más que una mayonesa a la que le han echado ajo. En el tema mojo, ni entro.

El alioli que hago yo no tiene NADA que ver con una mayonesa con ajo. Debe ser que en el fondo soy muy tradicional (juas), pero para hacerlo uso un mortero precioso, de granito verde que me regaló Chema hace menos de un año . Es cierto que el jodío pesa como un cuñao hetero el día del orgullo gay… Pero compensar, compensa. El resultado es una salsa cremosa, potente (amo el ajo, qué le voy a hacer) y densa, ideal para espantar vampiros y otra gente que no te caiga demasiado bien, y para echar un brazo derecho (izquierdo si eres zurdx) que hará que la gente murmure a tus espaldas.

Ingredientes: 

  • 5 ó 6 dientes de ajo pelados (si lo quieres más suave, echa menos y/o quítales la yema; yo no lo hago, soy así de chula).
  • 1/2 cucharadita de sal.
  • Aceite de girasol.
  • Aceite de oliva.
  • Zumo de 1/2 limón.

Preparación. 

Pela los dientes de ajo y ponlos en el vaso del mortero junto con la sal. Maja.

Ahora ve agregando el aceite de girasol a poquitos y sigue majando, con cuidado para que no salpique.

Según vayas agregando el aceite, remueve enérgicamente con el pilón la mezcla del ajo, la sal y el aceite que ya hubiera.

papas con alioli directamente del tuper

De vez en cuando, en lugar de aceite de girasol, echa aceite de oliva virgen extra. Si usamos ambos es porque el de oliva es muy fuerte y le robaría protagonismo al ajo, mientras que el de girasol es más neutro.

Sigue añadiendo tanto aceite como quieras y removiendo con el pilón.

Finalmente añade el zumo de medio limón y vuelve a hacer lo mismo, remover enérgicamente todo con el pilón hasta que esté todo bien integrado. Te quedará una especie de pasta cremosa y blanca.

Vierte tu alioli en un tuper con tapa y reserva en el frigo hasta que vayas a consumirlo. Parece que sale poca cantidad pero al ser tan sumamente concentrado, te durará varios días refrigerado (imagino; en mi casa vuela).

 

empanada de no-atún con pisto

Ésta ha sido la semana de las empanadas. Aprovechando que tengo horno nuevo (uno que funciona, por fin) y que hacía siglos que no me comía nada parecido a una empanada de atún, he hecho 3 en apenas 3 días. A atún no sabe, básicamente porque no lleva. Pero la textura del jackfruit desmigado y el sabor del alga kelp hace que se dé un aire.

empanada de pisto y no-atún

Y poco más. Hoy no sólo no os voy a dar la chapa, además os dejo un montón de fotillos. Si queréis verlas con más detalle, pinchad sobre ellas y se os abrirán en una nueva pestaña. Por aquí dejo la receta. Si la hacéis, me contáis.

Ingredientes.

  • 2 cebollas.
  • 4 dientes de ajo.
  • 1 lata de jackfruit verde en salmuera.
  • 1 hoja de algas kelp.
  • 1 pimiento rojo de asar.
  • 1 pimiento amarillo de asar.
  • 2 pimientos italianos verdes ó 1 pimiento verde de asar.
  • 2 calabacines verdes.
  • 1 Taza de tomate frito casero.
  • 2 tomates (sin piel ni pepitas).
  • 3 cucharaditas de sal.
  • pimienta molida (al gusto).
  • AOVE.
  • 2 masas de empanada.
  • un poco de leche de soja sin edulcorar (para pintar la empanada).

Preparación.

Lava muy bien el jackfruit para quitarle el sabor a lata, desmiga con las manos la parte blandita y corta los triángulos, más duros, en láminas y luego en tiras.

jackfruit y algas kelp: el antes

En un molinillo de café/especias, muele una lámina de algas kelp. Luego mezcla el alga molida con el jackfruit y reserva.

jackfruit y algas kelp: el después

Ahora corta la cebolla y el ajo pequeñitos y sofríe con un poco de AOVE a fuego medio-alto. Cuando la cebolla esté blandita, agrega el jackfruit con el alga y mezcla bien. Agrega la sal y baja el fuego.

Mientras el jackfruit se ablanda con el agua que soltará la cebolla al haberle echado sal, corta los 3 tipos de pimientos en trozos pequeños y ve reservando en un plato. Cuando los tengas todos cortados, añádelos a la sartén.

preparando el relleno

Corta los calabacines en planchas longitudinales, éstas en tiras y por último en cuadraditos pequeños. Agrega a la sartén y mezcla bien para que todo se integre. Tápalo y deja que se haga unos 10 minutos. Puedes añadir un poco más de AOVE si ves que te lo pide la verdura. Levanta la tapa y mueve de vez en cuando.

Ve pelando, despepitando y cortando el tomate muy chico, y reserva.

la mejor salsa de tomate frito del mundo mundial

Cuando esté blandito todo, puedes añadir la salsa de tomate frito. Yo hago la de Veganizando, que os he dejado enlazada arriba, aunque a veces le echo cebolla en vez de puerro y suelo echarle más zanahoria de la que dicta la receta. Mezcla bien y deja que se haga unos 5 minutos a fuego bajo.

Por último, agrega el tomate natural y la pimienta recién molida y deja que se haga unos 10 minutos más.

Si ves que tiene demasiado líquido, sube el fuego para que se evapore un poco. No debe quedar seco, sino meloso.

Viértelo todo en un bol grande y deja enfriar al menos durante media hora. Puedes meterlo en el frigo cuando esté templado. Si lo mueves de vez en cuando para que no guarde calor abajo, se enfriará antes.

Este paso es MUY importante, ya que si echamos el relleno caliente, la lámina de abajo de la empanada se quedará blandurria. Y no, no es algo que me hayan contado.

¡relleno listo!

Ve precalentando el horno a 200º (arriba y abajo).

Pesa las verduras con jackfruit y separa en dos mitades. A mí con estas cantidades me sale algo menos de 1500 gr., por lo que tengo para dos empanadas de casi 750 gr. de relleno cada una. Si no quieres hacer dos seguidas, puedes guardar la mitad del relleno y congelarlo para la próxima que hagas.

Cuando el relleno esté frío (o al menos no caliente), extiende una lámina de empanada sobre la bandeja del horno, en el mismo papel en que viene envuelta. Dibuja con el cuchillo, sin apretar, un borde de aproximadamente 1 cm por cada lado. Ahora ve echando sobre ella las verduras con jackfruit evitando los bordes que has dibujado. Compacta la masa aplastándola con el revés de la cuchara, dándole forma de rectángulo y con un grosor uniforme en la medida de lo posible.

antes de hornear

Ya puedes tapar con la otra lámina. No la desenrolles entera porque se te deformará al cogerla para ponerla encima de la verdura. Es mejor que vayas desenrollándola directamente sobre la otra. Cuando esté, recolócala un poco, aplasta ligeramente los bordes y dóblalos sobre sí mismos, haciendo así el borde de la empanada. En las esquinas sobrará mucha masa. Puedes quitarle un pellizco de cada una y, junto con el círculo que has quitado para hacer la chimenea, usar luego esa masa para decorar la parte de arriba.

chimenea perfecta 🙂

Por último, más o menos en el centro de la empanada, recorta con mucho cuidador, con un cuchillo, un círculo de 1 cm de diámetro (aproximadamente) para que el vapor del relleno salga por él a modo de chimenea. De ese modo la empanada no nos quedará blanda por arriba tampoco.

A las empanadas no veganas se les suele dar una ligera capa de huevo con un pincel de cocina. Tú puedes sustituir el huevo por leche de soja sin edulcorar. Aunque esto no es imprescindible, le dará un tono más bonito al acabar.

Y poco más. Métela al horno, a 200º, de 20 a 30 min.

Se conserva bien en cualquier lugar seco y fresco y, si puedes aguantar, está mejor de un día pa’otro, fría. Yo por eso hago dos: la primera nos la comemos del tirón, como buenos ansiosxs, y de la segunda vamos picoteando al día siguiente cada vez que entramos en la cocina 🙂

empanada vegana casera

Pd. Gracias a Claudia y Cristina por tenerme paciencia y resolver mis múltiples dudas sobre cómo hacer una empanada (son las primeras que hago en mi vida y jamás había oído hablar de la “chimenea”). Y gracias también a Macarena por probar este experimento y por decirme que ella sí notaba el sabor a mar ❤

crema agria fermentada (actualización: con y sin usar rejuvelac).

Crema agria sobre una patata asada. Crema agria sobre unos nachos con queso y pico de gallo (que no es el pico de un gallo, como malpensé yo la primera vez que lo vi en una carta, sino pimiento, tomate y cebolla cortado muy chiquitito). Crema agria sobre Idris Elba… ❤ . La crema agria le va bien a muchas cosas. Bueno, a Idris le queda bien todo, tampoco estoy descubiendo la pólvora 🙂

A mí me encantaba cuando era vegetariana y es una de esas cosas que, sin quitarme el sueño, he echado de menos acompañando a ciertos platos desde que soy vegana. Así que cuando la vi en el Non-dairy evolution me prometí a mí misma hacerla en algún momento. Me echaba pa’trás el tema de que el ingrediente base fueran anacardos, la verdad, porque a mí los sustitutos veganos lácteos que menos me gustan son los que llevan una base de frutos secos. Pero bue… qué menos que concederle el beneficio de la duda al sr. Conroy.

La receta en sí es bastante sencilla aunque no precisamente rápida. Tienes que haberla previsto días antes porque necesitas tener hecho rejuvelac y eso lleva unos días (salvo que seas previsora/or y tengas congelado). También tienes que tener anacardos crudos en tu despensa. Y no sé a vosotrxs, pero a mí me salen a unos 14 pavos el kilo. Vamos, que sencilla no implica ni rápida, ni barata. Es un capricho, sí… pero yo es que me consiento mucho a mí misma 🙂

El caso es que había hecho un carro de rejuvelac (*ver nota a pie de receta) la semana anterior y había comprado anacardos para varias recetas que quería probar. El resto era dejarlos en agua y a la mañana siguiente procesar 4 cosas en la Thermomix. ¿Qué podía salir mal?

No, no es una pregunta retórica (ojalá).

¡Atiende! Pasos para NO hacer crema agria:

  1. Hacer rejuvelac.
  2. Dejar anacardos (a precio de sangre de unicornio) en remojo el día antes.
  3. Echar todo a la Thermomix.
  4. Meter la lengua de silicona (ésa que tienes hace tanto tiempo y que adoras) para bajar los anacardos que se van quedando en el lateral.
  5. Hacerlo con la Thermomix en funcionamiento porque “tú controlas”.
  6. Quedarte sin lengua de silicona y sin crema agria todo en uno.
  7. Llorar y maldecir en 7 lenguas, algunas de ellas desconocidas, a dioses imaginarios.
  8. Plantearte la posibilidad de que la silicona no esté tan mal e incluso de que hayas creado un plato único.
  9. Imaginarte en urgencias, explicando que no, que no te drogas. Que lo único que se te ocurre que te ha podido sentar tan mal quizá sean unas trazas de silicona. Quizá, eh…

crema agria al aroma de silicona 🙂

Y como quien no se consuela es porque no quiere, pasado un rato me dije que podría haber sido peor (podría haberme cargado la Thermomix; podría haber metido un poquito la mano para bajar la masa y haber tenido que aprender a cocinar con la izquierda, podría… ). Tiré todo, limpié la máquina y volví a dejar anacardos en remojo para el día siguiente. Ésa es la actitud, Loki and the loker, me dije también.

Y así fue como, un día más tarde de lo previsto, hice por fin mi primera crema agria.

Para lxs que hayáis llegado hasta aquí, enhorabuena, habéis demostrado tener la suficiente paciencia como para hacerla. Y ahora sí, empieza la receta 🙂

Ingredientes (si la hacéis CON rejuvelac):

  • 1 Taza y 1/2 de anacardos crudos.
  • 1 Cucharada de aceite de coco refinado.
  • 3/4 Taza de Rejuvelac.
  • 1/4 cucharadita de sal fina.

Ingredientes (si la hacéis con cápsulas de probióticos):

  • 1 Taza y 1/2 de anacardos crudos.
  • 3/4 Taza de agua mineral o de agua filtrada
  • 1/2 cucharadita de sal fina.
  • 2 cápsulas de probióticos veganos (yo compro éstas).

Procedimiento:

Una vez aclarado lo que NUNCA hay que hacer, veamos lo que sí.

Si la vas a hacer con rejuvelac, tienes que haberlo preparado previamente (abajo dejo un enlace al método que sigo yo). También tienes que haber dejado los anacardos en remojo la noche antes (u 8 horas antes, si los dejas por la mañana y quieres hacerla por la tarde). Si empieza a hacer demasiado calor, mételos en el frigo.

crema agria vegana

Mide la cantidad de aceite de coco que necesitas y derrítelo. Yo lo hago poniéndolo en una tacita de café o en un vaso, que a su vez pongo al baño María en una sartén. No se tarda nada y si sobra lo devuelvo al tarro porque en unos minutos solidificará otra vez. Aparta mientras escurres los anacardos.

Ahora escurre bien los anacardos y añádelos a tu procesadora o batidora potente junto con la sal y el aceite de coco líquido que tenías apartado. Conroy agrega en este punto también el rejuvelac. Yo procesé primero estos 3 ingredientes, parando la Thermomix de vez en cuando (algo he aprendido) y bajando con una puta pala de madera (porque mi lengua de silicona había muerto, RIP, y no había podido comprar otra aún) la masa que se iba quedando en los laterales. Si añades el rejuvelac desde el minuto uno, vigila que la masa no se caliente demasiado o echarás a perder los probióticos del agua enzimática. Si lo haces como yo, cuando la mezcla esté más o menos cremosa (aunque espesa), añade el rejuvelac y procesa unos segundos más para asegurarte de que se integra bien.

Si la haces con las cápsulas de probióticos, simplemente sáltate el paso de hacer y añadir el rejuvelac, sustituye el aceite de coco por el agua, y añade el interior de las 2 cápsulas de probióticos a la procesadora. El interior, ojo, no la cápsula entera (tienes que abrirlas y vaciarlas).

Ahora vierte la crema en un recipiente con tapa y déjala fermentar a temperatura ambiente de 24 a 48 horas. Ten en cuenta que a mayor temperatura ambiente, antes fermentará, así que puedes probarla a las 24 horas, a ver qué tal va.

Una cosa que ocurrirá durante el proceso de fermentación es que la masa aumentará de volumen tomando una textura como con burbujas de aire en su interior. Esto es perfectamente normal, así que no la vayas a tirar. Cada 12 horas, abre la tapa y deja que salga el dióxido de carbono acumulado y vuelve a tapar.

Cuando esté fermentada, bátela con unas varillas muy enérgicamente. Luego ponle un papel film por encima y aplasta la superficie alisándola con la parte de abajo de una cuchara de modo que el papel quede pegado a la crema. De este modo evitarás la oxidación y los cambios de color.

Ahora cierra de nuevo el tuper y guarda en el frigo al menos 12 horas antes de consumir. Ten en cuenta que cuanto más tiempo pase, más espesará y más sabor tendrá.

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(*) Yo el rejuvelac lo hago siguiendo este método. Uso Kamut (un tipo de trigo muy poco modificado a lo largo de la historia) que compro en Mercado flotante. Según Conroy, el rejuvelac aguanta 2 semanas en el frigo, aunque va perdiendo potencia conforme pasa el tiempo, por lo que es mejor usarlo lo antes posible.

caldo de (sobras de) verduras

El nombre de esta receta es de por sí un spoiler a la altura de ‘Crónica de una muerte anunciada’... Pero con to y con eso os voy a contar cómo hacer un caldo de verduras que te mueres (al hilo del libro de GGM… ains, qué chispa tengo) con esas cosillas que normalmente tiramos cuando nos metemos en la cocina. La receta la vi en un vídeo de esos de trucos para cocinar y me pareció una ideaca así que empecé a guardar todo, a ver qué salía…

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caldo de sobras de verduras

Este de la foto lo hice ayer, durante unas dos horas, mientras cocinaba otras cosas en otros fuegos. Y cuando lo probé y vi el color que tenía, flipé. Mucho. De hecho creo que es el mejor caldo de verduras que he probado.

Las verduras, cuyos restos fui acumulando a lo largo de una semana para hacer el mío, fueron: zanahoria, cebolla, puerro, champis, brócoli, coliflor, patatas, calabaza y puerro. Proporciones, por motivos obvios, no puedo dar. Es otra de las cosas que me gustan de esta receta, que cada vez va a salir diferente, pero siempre saldrá rico porque las verduras que uso normalmente suelen ser ésas y todas me encantan 🙂

Y como entre los ingredientes veréis que hay pieles de cosas que se pelan con pelador, aprovecho para contaros que el otro día me compré dos (porque el que tenía para pelar tomates lo debí tirar sin darme cuenta junto con las pieles; así soy yo): uno como el que tiré y este otro. Los dos son maravillosos y, para mí, una inversión porque los uso muchísimo. Llevaba tiempo con ganas de uno que fuera bueno y ancho y la espera ha merecido la pena. Os lo digo por si estáis pensando comprar alguno. Y un poquito para chulear, eso también 😉

Ingredientes.

Restos de verduras que solemos desechar al cocinar, esto es:

  • la primera capa de la cebolla / puerro.
  • la parte verde del puerro, ésa que siempre te preguntan en la frutería que si te la cortan y tú dices que sí. Not anymore.
  • las bases (yo les llamo los culos, pero bue) de las zanahorias, cebollas, puerros, etc.
  • las pieles de las zanahorias, calabazas, nabos, patatas y en general todo lo que peles con un pelador.
  • los tallos de champis, brócoli, coliflor.
  • la vaina de las cosas con vaina (guisantes, edamame etc.).
  • la parte que descartas (porque está fea) de verduras que vienen rotas.
  • los tallos del perejil cuando te quedas con las hojas y tiras el resto.

Anyway, en el blog de Olga, que sabe muchísimo más que yo de (entre otras cosas) cocina, tenéis una lista detallada de qué verduras usar con alegría, cuáles con moderación y de cuáles pasar si no queréis que amargue.

Lleva además:

  • 2 cucharaditas de sal (o menos, o más, o nada, a tu gusto).
  • 2 hojas de laurel seco.
  • 1 chorrito de AOVE (aceite de oliva virgen extra).
  • pimienta negra molida (si te va, si no, no se la eches y ya).
  • cualquier otra especia que te guste.

Preparación. 

Para hacer esta receta necesitarás una bolsa (o dos si son pequeñas) de esas para congelar que tienen cierre de zig-zag. Las venden en cualquier supermercado.

También tendrás que lavar muy bien las verduras para que el caldo no lleve tierra, caracoles (o ya no sería vegano), ni otras cosas del campo. Por descontado, tampoco se trata de aprovechar tooooodo en plan posguerra. Si los pies de los champis tienen mucha tierra, corta la parte donde la tengan y quédate con el resto. Personalmente no guardo las raíces de las hortalizas, pero pa’gustos, colores.

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‘Vegan for the voiceless’, no puede ser más chula mi taza ❤

Y ahora al lío. De lo que se trata es de ir guardando en una bolsa para congelar todos esos restos e ir acumulando. ¿Que pelas patatas? Las lavas bien antes y las pieles las guardas en la bolsa. ¿Que usas una cebolla? La capa que descartas porque está un poco fea o dura, y las bases, a la bolsa. Y así con todo. Cada vez que vayas a guardar algo nuevo, la sacas del congelador, metes lo que sea, la cierras muy bien (intentando dejar la menor cantidad de aire posible), y de nuevo al congelador.

Cuando tengas la bolsa (o bolsas) llena, pones una olla grande con 1.5 ó 2 litros de agua, vacías las bolsas en ella, le añades la sal, la pimienta, el laurel, el AOVE y lo dejas cocer a fuego lento, sin tapa, durante un par de horitas o más. Cuanto más tiempo cueza y más verduras tenga, más concentrado estará el caldo, obviamente.

Cuando esté a tu gusto, cuelas el caldo con un colador fino al que puedes ponerle una tela quesera si quieres un caldo súper fino, y al final aprietas muy bien las verduras (como si estuvieras haciendo leche vegetal) para extraer toda la sustancia que puedas. Si has usado la tela quesera, es muy fácil de exprimir. Te quedará una bola de verduras del mismo color que cuando mezclabas plastilinas de todos los colores (lo que viene siendo color caca). Bueno, pues ésa la tiras, que ya le has sacado bastante.

El caldo resultante puedes guardarlo en el frigo y usarlo en unos días, o congelarlo en forma de cubitos (si has conseguido hacerlo muy concentrado) e ir usándolo en distintas recetas. O puedes, como yo, servírtelo en una taza bien chula y tomártelo calentito, que te lo has ganao, hormiguita 🙂

 

croquetas de calabaza y nueces

No pensaba subir esta receta tan pronto, cuando no me ha dado tiempo ni de acabarme el último bizcocho que hice para la anterior, peeeero….

Existe un grupo en feis, llamado Gordivegans sin fronteras, cuya dinámica consiste en subir fotos de lo que vamos a comer para que al resto le entre mucha hambre y vuelen las proposiciones de matrimonio. No me lo estoy inventando, palabrita. Existe y, como podéis imaginar, es el mejor grupo virtual del mundo.

croquetillas

croquetas veganas de calabaza y nueces, 100% libre de explotación animal

El caso es que hoy me puse a hacer croquetas. De calabaza y nueces. 50 salieron, como 50 soles. Y se me ocurrió subir fotos del plataco en cuestión, de las que no me había comido mientras las iba friendo, al grupo. Y, sí, hubo propuestas de matrimonio – siempre las hay- y hasta de adopción (¿verdad, Aurora? 🙂 ), pero sobre todo hubo muchxs gordis que me pidieron que subiera la receta.

La receta base para mis croquetas la saqué de aquí y creo que, proporciones aparte, el consejo de echar la leche poquito a poco es lo que le da calidad a la masa, que diría Sanchidrián. La he modificado un poco, aunque las de champiñones de En clave veggie también las he hecho (con leche de soja y de avena, de almendras aún no he probado) y quedan espectaculares, sobre todo si en vez de champis normales las hacéis con boletus o con portobello. Y ya si le añades unos piñones, te corr… estooo, eso, que quedan muy ricas 🙂

Ingredientes para la masa (salen unas 35 croquetas pequeñas)

  • 1 cebolla grandecita picada muy pequeñita.
  • 1 puerro grandecito también, picado igual.
  • 300 gr. de calabaza asada y luego cortada muy chiquitita.
  • 60 gr. de nueces picadas (no hechas harina).
  • 4 cucharadas colmadas de harina de trigo normal y corriente.
  • 300 ml. de leche de soja sin edulcorar (la mía es casera porque tengo la Chufamix).
  • AOVE (para sofreír la cebolla, el puerro y la calabaza)
  • sal, pimienta recién molida y nuez moscada recién molida también.
  • Aceite de girasol (para freírlas).

Ingredientes para el rebozado: 

  • no huevo:
    • 250 ml. de agua.
    • 1 cucharada sopera colmada de harina Yolanda.
    • 1/2 cucharadita de sal negra (para darle el sabor a huevo).
    • Una pizca de cúrcuma (para darle el color del huevo).
    • Una pizca de sal normal.
  • pan rallado.

Preparación: 

Yo las hago con calabaza asada, pero si la echas cruda a la sartén y dejas que se haga junto con la cebolla y el puerro, seguro que también queda bien. Si la haces con calabaza asada, lo primero es poner el horno a unos 180º, cortar varias rodajas de calabaza (que pesen más de 300 gr., que luego hay que quitarles la cáscara), y ponerlas a asar durante un buen rato con un poquito de sal por encima. El tiempo que tarden en asarse dependerá de la calabaza, del horno y del grosor de las rodajas que cortes, así que haz esto cuanto antes.

Mientras se hace la calabaza, ve picando la cebolla y el puerro lo más diminuto que puedas. Puedes intentar hacerlo en una picadora, pero igual te queda como una pasta y no es la idea. Cuando esté todo picado, sofríe a fuego bajo con AOVE hasta que esté blandito.

Cuando esté la calabaza, sácala del horno, quítale la corteza y córtala muy pequeñita. Añádela al sofrito y haz que se mezcle todo bien. A continuación añade las nueces en trozos lo más pequeños que puedas sin llegar a ser harina (puedes usar la picadora con cuidado de no pasarte).

masa-croquetas

masa de croquetas preparada para la metamorfosis 🙂

Ya puedes echar la harina de trigo. Mi consejo es que la eches espolvoreándola sobre la verdura y moviendo todo con la mano que te queda libre. La harina debe tostarse antes de agregar la leche, así que mueve muy bien para que se integre todo. Quedará una especie de masa grumosa que cuesta mover. No te agobies. Más tarde, con la leche, se irán disolviendo los grumos.

Cuando la harina esté bien tostada (o sea, cuando no sientas el brazo y no se vea nada blanco), puedes ir añadiendo la leche que tienes reservada. Es importante no echarla toda de golpe, sino a poquitos. Yo voy vertiendo y moviendo hasta que está toda y serán como 5 ó 6 “poquitos”. Verás que la masa irá tomando consistencia de masa de croquetas. Cuando hayas mezclado todo muy bien, agrega la sal, la pimienta y la nuez moscada, y ve moviendo y probando para ver cómo te gusta.

Una vez que la masa esté a tu gusto, viértela en un recipiente lo más plano posible para que se enfríe. Yo uso una fuente de cristal que forro con papel transparente. Deja, eso sí, que lo haga a temperatura ambiente antes de taparla con papel transparente y pasarla al frigo. Ahora tendrá que reposar unas horas, aunque yo suelo dejarla de un día para otro, antes de montar las croquetillas.

empanando

no huevo y pan rallado

Cuando vayas a hacer las croquetas, prepara un bol con el no huevo (mezclando todos los ingredientes que he puesto arriba) y otro con el pan rallado, saca la fuente del frigo y ve haciendo las croquetas. Yo suelo cortar tiras de masa y luego cada tira la corto de modo que me quedan cubitos (1 cubito= 1 futura croqueta). Después sólo tienes que darle forma de croqueta a cada cubito.

Una vez que tengas todas tus croquetas preparadas, ya puedes pasarlas por la mezcla de no huevo y a continuación por el pan rallado. Lo que yo suelo hacer es ir poniendo todas las croquetas sin rebozar en una bandeja sobre papel vegetal, luego las paso por no-huevo, escurriéndolas con dos cucharas grandes, y por pan rallado, terminando de darles forma. Antes de freírlas suelo meterlas un rato al frigo, tapadas por papel vegetal o papel transparente.

Como no tengo freídora, las frío en sartén, con aceite de girasol muy caliente. Al no estar congeladas, quedan crujientes y doradas por fuera y calentitas y cremosas por dentro. Si las vas a congelar, intenta guardarlas dejando un poco de espacio entre una y otra para que no se peguen, y cuando las vayas a freír, déjalas fuera una media hora antes (quizá menos si es verano y un poco más si es invierno).

croquetas-calabaza

croquetas de calabaza y nueces; podéis dejar vuestras propuestas de matrimonio en los comentarios 🙂

Y ya está, gordivegans, eso es todo. Espero que os gusten 🙂

 

hojaldre de espárragos y shitake

La última vez que fui a una comida familiar de navidad o a una cena de año viejo, las teles pesaban una tonelada, tenían fondo suficiente como para que un gato (dos si eran pequeños) se echara la siesta encima, y las campanadas las daban un señor con capa y pajarita y una veinteañera con un vestido de tirantes que se moría de frío a su lado, mientras en mi casa todxs se comían 12 uvas y yo 12 lacasitos. Al menos las teles (lo que es el aparato, no la programación, según me cuentan) sí han evolucionado, para desgracia de todos esos gatos del mundo a los que les encantaba tumbarse a dormir sobre ellas.

Y después de este momento viejuno-autobiográfico, os voy a dejar por aquí una receta súper sencilla y muy aparente – sobre todo si la presentáis en condiciones, no como una servidora- que igual os viene bien como entrante en estos días de “¿y el jamón tampoco lo vas a probar? hija, por un día que te saltes el régimen ese” y demás frases entrañables que los parientes muggles nos sueltan a lxs veganxs a poco que te descuides.

Para esta receta vais a ensuciar una sartén, unas varillas y ya. El resto va al horno. Si no tenéis horno, siento deciros que lo vais a tener complicado para hacerla.

Ingredientes:

Para los hojaldres rellenos:

  • 1 lámina de hojaldre (de la marca que quieras, pero vegano)
  • 1 manojo de espárragos verdes.
  • 150 gr de shitake o de cualquier otra seta que te guste.
  • Queso vegano que funda. Puedes rallar un poco del Muenster subí el otro día o, si no quieres hacerlo, de queso en lonchas que hayas comprado.
  • AOVE
  • Sal y pimienta (al gusto).

Para la crema de acompañamiento:

  • 1 cucharada de margarina.
  • 1 cucharada de maicena o de harina de arroz.
  • 1 Taza de leche de soja.
  • 1 cucharada de levadura nutricional.
  • 1 loncha del mismo queso que hayas metido en el hojaldre (recuerda que debe fundir).
  • sal, pimienta y nuez moscada.
  • agua (en caso de que la crema esté demasiado espesa para tu gusto).

Preparación.

Si haces tú mismx el hojaldre, dale forma rectangular. Yo por ahora no he probado a hacerlo y hago este entrante con uno rectangular de Buitoni, aunque estoy buscando alguna otra marca que no lleve aceite de palma entre sus ingredientes.

hojaldreesparragos

canutillos de hojaldre de espárragos y shitake

Desenrolla el hojaldre, colócalo de modo que el lado más largo quede en horizontal (base) y mide el lado vertical (altura) de modo que puedas hacer tres cortes paralelos a la base. Ahora haz lo mismo midiendo en la base, divide su longitud entre 3 (aproximadamente) y haz 3 líneas paralelas a la altura y corta. De este modo tendrás 9 rectángulos iguales. Yo lo hago usando una regla (que lavo previamente).

El hojaldre que yo compro tiene que estar 20 min fuera del frigo antes de usarlo, por eso esto es lo primero que debes hacer. Ve también poniendo el horno a 180º pero asegurándote de dejar fuera la bandeja.

Ahora, mientras el hojaldre se toma su tiempo para despertarse y el horno para calentarse, lava los espárragos verdes, córtales el extremo más duro y reserva. Pon en una sartén antiadherente (preferiblemente tipo parrilla) un chorrito de aceite de oliva y calienta a fuego medio. Cuando esté, coloca los espárragos, échales un chorrito de aceite por encima, una pizca de sal, pimienta recién molida -si puede ser- y deja que se vayan haciendo, moviendo de vez en cuando la sartén.

Ve cortando los shitake en tiras. Yo los compro en el ALDI, en bandejas de 150 gr y están buenísimos. Cuando los tengas todos cortados, agrégalos a la sartén / parrilla donde tienes los espárragos. Si crees que hace falta, añade un chorrito más de aceite (si tienes de trufa, les viene genial) y sal.

hojaldre-detalleCuando todo esto esté hecho – cuando los espárragos estén tiernos, pero no lacios-, aparta del fuego y deja que se temple un poco.

Ahora ve preparando el queso. Si es en lonchas, corta tiras finitas, como de 1 centímetro, un poco menos largas que el rectángulo de hojaldre; si se puede rallar (como el Muenster), hazlo, quedará mejor.

A los 20 minutos ya puedes ir preparando los canutillos. Coloca en cada rectángulo, pero en diagonal, un poco de queso, unos trocitos de shitake y un espárrago (o dos sin son muy finos). Ahora ve enrollando hasta cerrarlo. Hazlo con todos y luego colócalos en la bandeja sobre papel vegetal con el extremo donde hayas acabado de enrollarlos hacia abajo. Mételos al horno, a 175/180º unos 20 minutos (vigila porque cada horno es un mundo).

Mientras se terminan de hacer, ve preparando la crema. En una sartén, preferiblemente antiadherente, a fuego medio-bajo, agrega la margarina y deja que se derrita. Ahora añade la harina de arroz o la maicena y mueve para que no se queme. Agrega la leche y mueve bien hasta que todos los grumos de la harina con margarina se disuelvan. Una vez disuelto, echa el queso y sigue moviendo hasta que se integre. Añade la levadura nutricional, la sal, la pimienta y la nuez moscada (al gusto). Cuanto más tiempo esté en el fuego, más espesará, así que el tiempo que lo dejes lo decides tú en función de cómo la quieras de espesa. Si ves que no queda tan espesa como pensabas, añade, espolvoreando muy poco a poco y sin dejar de remover, un poco más de harina de arroz o de maicena. Si te has pasado de espesa, añade un poco más de leche o un pelín de agua.

Vierte la crema caliente por encima en el momento de servir.

Nota: yo les he puesto ese relleno, pero podéis rellenarlos de cualquier combinación de verduras que os gusten, que seguro que también queda genial.