queso feta estilo mediterráneo / pasta con tomate y feta

¿Queréis un queso fácil, rápido y que esté buenísimo sobre una ensalada? ¿Queréis además una receta súper sencilla donde usarlo con pasta corta y que os podáis llevar en una fiambrera al curro? Si habéis respondido que sí a ambas cosas, estáis de suerte.

bloque de feta mediterráneo

Este queso, estilo feta -aunque un poco menos consistente que este otro que ya os dejé por aquí-, es mi último descubrimiento en el mundo de los quesos veganos y estoy flipándolo tanto con él que he decidido compartirlo para que flipemos todxs.

La única pega que tiene, que la tiene, es encontrar ácido láctico (*) en polvo. Yo me harté de buscar en España y al final tuve que encargárselo a una amiga que vivía en Francia y que tuvo a bien regalarme un bote gigante que pienso apurar hasta el último gramo.

¡Pero que no se vaya nadie! Si, como yo, no lo encontráis, podéis sustituirlo por zumo de limón. No va a quedar exactamente igual, pero seguro que está bueno también. Y si lo encontráis, por Seitán, compartid en un comentario dónde.

La receta la he sacado de uno de mis libros favoritos del mundo mundial, junto con “Alicia en el país de las maravillas“, “The non-dairy evolution cookbook“, de Skye Michel Conroy, a.k.a. the gentle chef. Os sonará, seguro, porque os lo he recomedado cienes y cienes de veces a quienes controláis de inglés, pero vuelvo a hacerlo porsiaca.

Y sin más, os dejo la receta del queso y a continuación la de la pasta con la que triunfaréis.

*** Yo suelo doblar las cantidades y hacer un bloque como el de la foto, pero os dejo las originales y vosotrxs decidís***

Queso feta estilo mediterráneo

Ingredientes. 

  • otra perspectiva 🙂

    200 gramos de tofu firme. Yo compro el GutBio de ALDI porque es tan seco que no hace falta prensarlo.

  • 1/4 Taza de aceite de coco refinado (NO virgen).
  • 1 cucharadita de ácido láctico (*) en polvo o 4 cucharaditas de zumo de limón (si no encontráis el ác. láctico).
  • 1 Cucharada de vinagre de vino blanco o de vinagre de manzana. Para este queso yo uso el de vino blanco.
  • 1 y 1/2 cucharadita de sal fina.
  • 1/4 cucharadita de cebolla en polvo.
  • 1 cucharadita de albahaca seca (*).
  • 1/2 cucharadita de orégano seco (*).
  • 1/2 cucharadita de mejorana seca (*).

Preparación.

Si el tofu que vas a usar no es tan seco como el de ALDI, ponlo sobre una tela quesera y mantenlo en alto para que pierda agua. Si tienes algún sitio donde dejarlo escurriendo (tipo colador sobre vaso de batidora), puedes ponerle algo de peso encima (siempre con el tofu protegido por la tela quesera) para que suelte agua más rápido. O puedes hacerme caso, comprar el de ALDI y no complicarte la vida, pero eso ya a tu gusto.

Mientras el tofu va perdiendo agua puedes ir calentando al baño María el bote de aceite de coco, ya que lo necesitarás líquido.

fusilli con tomate y feta estilo mediterráneo

Ahora, mientras el aceite se derrite y el tofu pierde agua, prepara el molde donde lo vas a almacenar. Yo suelo usar cualquier tuper rectangular, pequeño pero alto, que forro con papel film para poder luego sacarlo bien y cortarlo.

Una vez que tienes el tofu lo más seco posible, desmenuzalo un poco y ponlo en el vaso de tu procesadora.

Cuando el aceite esté líquido, mide el cuarto de taza y agrégalo, junto con todo lo demás -sal, vinagre, ácido láctico o limón, y cebolla en polvo- EXCEPTO las hierbas (para no molerlas y que no se vean luego). Si os fijáis, en el feta de la pasta se notan más que en el del bloque, porque en el segundo no me di cuenta, las eché al principio y quedaron pulverizadas.

Procesa todo hasta que esté integrado y cremoso. Para de vez en cuando para bajar, con una lengua de silicona, lo que va quedando en las paredes del vaso.

Ahora agrega las hierbas y pulsa unos segundos a una velocidad baja para mezclarlas bien con la masa.

Ya puedes transferir tu queso al tuper, guardarlo en el frigo mínimo 8 horas para que se asiente y pasado ese tiempo, usarlo como te venga en gana :).

Conservación: se mantiene hasta 2 semanas en el frigo envuelto en papel film. Pero si te dura tanto es que algo no has hecho del todo bien.

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Recomendación de uso 😉 

Pasta con tomate y feta

Ésta es una receta súper sencilla y deliciosa que no había vuelto a probar desde que me hice vegana hasta que me dio por hacer este queso el otro día.

Ingredientes. 

  • Pasta corta (fusilli, farfalle, etc.).
  • Tomates frescos carnosos (tipo pera).
  • Feta.
  • AOVE (aceite de oliva virgen extra).
  • Albahaca fresca si tenéis.
  • Agua y sal para cocer la pasta.

Preparación. 

Pon a hervir el agua para la pasta, échale sal y cuando esté, cuécela.

Mientras la pasta se cuece, ve pelando, despepitando y cortando los tomates en dados más o menos pequeños. Reserva.

Ten a mano el feta que hiciste,la botella de AOVE y la albahaca fresca (si la has conseguido).

feta derretido.jpg

pasta de Spiga Negra con tomate, feta derretido y espinacas

Cuando la pasta esté, cuélala, apaga el fuego, tira el agua de la olla pero no la eches a lavar.

Ahora vuelve a echar la pasta en la olla, añade un buen chorro de AOVE y el tomate que habías reservado. También puedes añadir la cantidad de feta que quieras (probablemente quedará como una salsa; ver foto de la derecha) o reservarla para cuando saques la pasta (en cuyo caso quedará entera). Mueve con una pala para que se mezcle todo, tapa y deja reposar sobre el fuego apagado, que aún estará caliente, durante unos 3 minutos.

Saca, sirve y si no has añadido el feta al principio, hazlo ahora. Puedes ponerle unas hojas frescas de albahaca o de espinacas por encima (ambas le van bien al plato) y añadir también un poco de pimienta negra molida si quieres.

Notas sobre los ingredientes. 

(*) El ácido láctico, a pesar de su nombre, no proviene de la leche. Sirve para acidificar la masa y darle ese sabor que tienen algunos quesos (distinto al que le da la levadura nutricional). En la receta original especifican que se use en polvo (en líquido es fácil de encontrar, lo sé) aunque no voy a aburriros con el porqué. Yo uso éste, que me regalaron pero que no consigo encontrar en España. Si alguien sabe dónde comprarlo, por favor, que me lo haga saber.

(*) Respecto a las hierbas, si no tenéis o no os gustan ésas en particular, echad las que os parezcan en proporciones similares. Yo no tengo mejora en mi despensa (y no la compro porque no me cabe un bote más), así que le echo romero o tomillo. Si lo queréis sin hierbas, no se las echéis y ya.

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salsa Alfredo

Bueeeeeeeeeno, pues por fin tengo acceso a WordPress después de casi una semana sin poder entrar, y puedo sentarme a escribir la receta por la que votasteis la mayoría en feis.

Pero primero la historieta de rigor. Juas.

Corría el año 99, yo era vegetariana, me alimentaba a base de pasta, pizza y quesos, y ésta era una de mis salsas favorita del mundo mundial. Recuerdo que la descubrí en el típico libro de recetas que formaba parte de una colección que había en casa de mis padres, y era tan fácil y estaba tan buena que la hacía a menudo. Claro que para hacerla compraba la nata (de origen animal) en bricks de medio litro y le echaba toneladas de parmesano.

Luego me hice vegana y me encontré con que (¡sorpresa!) un brick de nata vegetal minúsculo costaba lo mismo (o más) que un litro de leche de soja. Y entre eso y que por aquel entonces no concebía de ninguna de las maneras una salsa Alfredo sin parmesano, la dejé de tomar.

Hasta el otro día (vamos, hará un mes), cuando llegué por casualidad (y un poco por todas las horas que me paso vagueando, de un blog a otro, buscando cosas nuevas que probar) a esta receta para hacer nata vegana. Y aprovechando que tenía todos los ingredientes y que no parecía llevar más de 2 minutos, probé. Y funcionó. Y flipé. Y desde entonces hasta ahora la habré hecho cienes y cienes de veces. O igual unas seis 🙂

tagliatelle con salsa Alfredo y setas

¿El pero de esta salsa? Que salvo que te quieras dejar la extra de navidad en nata vegana, para poder hacerla tú mismx siempre que quieras, tendrás que invertir en dos ingredientes de esos que a la mayoría le siguen pareciendo rarunos: la lecitina de soja y la goma xantana. En mi opinión, si usáis nata con relativa frecuencia, sale a cuenta comprarlos; te ahorras un montón de pasta a la larga y, teniendo leche de soja sin edulcorar, puedes hacerte una salsita en cualquier momento.

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Si aun así no te he convencido y prefieres seguir comprando los mini bricks de nata a precio de oro blanco, pos na, a tu gusto, mula, que diría mi señor padre. La receta sería igual sólo que con la nata de brick (de los 125 ml por ejemplo), por eso pongo aparte los ingredientes que se le añadirían.

Ingredientes. 

Para la crema (nata para cocinar)

  • 80 ml de leche de soja sin edulcorar.
  • 20 ml de aceite de girasol.
  • 1 cucharadita de lecitina de soja.
  • 1 pizca de goma xantana. (léase “lo que levantas con la punta del mango de una cucharita“, según la autora de la receta original)

Resto de ingredientes (para las cantidades de arriba).

  • 1 Cucharada de margarina vegana (yo suelo comprar la del ALDI).
  • 1 cucharadita de pimienta negra recién molida.
  • 1/2  cucharadita de nuez moscada recién molida.
  • 1 cucharadita de levadura nutricional.
  • sal (al gusto).

Procedimiento.

Antes de empezar con la salsa, ve poniendo el agua a hervir con una cucharada de sal para ir cociendo la pasta, porque el resto va a estar listo en cero coma.

Si has decidido hacer la nata tú, sólo tienes que poner todos los ingredientes para la nata en el vaso de la batidora y batir un par de minutos hasta que la crema espese. En la receta original le añaden un poco de azúcar. Yo he optado por hacerla sin edulcorar porque pa qué.

Hasta ahí lo que viene siendo la nata. Yo lo que hago, ya que he pringado la batidora, es añadirle el resto de ingredientes -salvo la margarina, ojo- y bato todo muy bien hasta que se mezclen.

Una vez que tienes hecha la salsa anterior, coge una sartén o un cazo, preferiblemente antiadherente, pon la margarina, deja que se derrita a fuego muy suave, añade la mezcla y remueve durante unos minutos hasta que se integre todo.

Y ya’stá.

setitas y hierbas sobre la salsa

Respecto a las cantidades, aunque las que he puesto serían lo canónico por persona, en mi familia somos de bañar la pasta en salsa, así que yo suelo hacer nata como para tres para hacer salsa para dos. O nata para seis si vamos a comer lxs cuatro. Y por supuesto, añado las correspondientes cantidades de pimienta, nuez moscada y levadura nutricional, claro; de margarina no hace falta que tripliquéis cantidades, como mucho poned 2 cucharadas si vais a hacer salsa para 6… (no sé si me explico, es tarde y estoy que me caigo).

Como sugerencia de presentación (<– siempre he querido poner esto), te recomiendo que le añadas un variado de setitas (o de champis o shitake frescos si tienes) previamente enjuagadas y pasadas por la sartén con un chorrito de aceite, sal y pimienta, más unos piñones tostados durante 1 minuto a fuego bajo, sin aceite. Queda un plato mucho más vistoso y a la pasta le va que te mueres. Sobre todo si la pasta es buena, como la de Spiga Negra, que barata no es, pero lo vale. Y no, lamentablemente no es ninguna de las de las fotos. Así de cutre soy 😛

pesto vegano

en mi cocina sólo falta la Jurado cantando ‘...verdes como la albahaca

¿No os ha pasado nunca eso de estar a vuestra bola en algún sitio y de repente ver a alguien, quedaros mirándolx, y sentir que el resto del mundo se paraba?

Pues justo eso me pasó a mí esta mañana cuando bajé a la frutería a comprar verduras verdes para hacer quinua, que había dejado en remojo horas antes, y mis ojos se posaron en este manojo de albahaca fresca que había en la puerta 🙂

La foto no es que le haga justicia, pero servirá para que os hagáis una idea. Lo que no sé transmitiros con palabras es cómo huele… Claro que si supiera, estaría escribiendo una novela, no un blog de cocina.

La cosa es que siempre había querido hacer pesto, pero por unas cosas u otras, acababa comprándolo. Luego me hice vegana (hace dos años ya) y pasé de comer pasta a diario a comerla una vez al mes (y no todos). Del pesto me olvidé, porque un pesto sin parmesano, pecorino o algún otro queso italiano fuerte era impensable para mí… Hasta hoy. Hoy fue llegar a casa, lavar la albahaca, colgarla bocabajo del tirador de uno de los muebles de cocina para que escurriera, y saber que tenía que buscar una receta para intentar hacerlo sí o sí.

manojito de albahaca, avellanas y piñones

Al final fui a lo seguro, miré en los libros de Isa Chandra, concretamente en el Isa Does it, y en 10 minutos tenía listo un viaje de pesto que no me he comido a cucharás porque ya le había mandado la foto a Chema y no iba a colar, cuando llegaran Paula y él a la hora de comer, decirles: “¿pesto? ¿qué pesto? Por cierto, yo hoy no tengo mucha hambre…“. En vez de eso, me vine al cuarto con mis gatos a escribir la receta y tratar de reprimir mi hambre dos horitas más.

La receta original lleva otras cosas, como cilantro fresco, que no tenía, y tomillo fresco, que tampoco, así que la he tuneado ligeramente para poder hacerla y también para aprovechar toda la albahaca. La receta que os dejo es ésa, no la original.

Ingredientes.

  • 3 Tazas de hojas de albahaca fresca.
  • 1/4 Taza de avellanas crudas.
  • 1/4 Taza de piñones crudos.
  • 1 diente de ajo.
  • 2 Cucharadas de levadura nutricional (yo ahora estoy usando ésta).
  • 1 cucharadita de tomillo seco.
  • 1 cucharadita de sal gruesa.
  • 1/4 Taza de agua (yo uso agua filtrada).
  • 1/4 Taza de AOVE.
  • 1 Cucharada de zumo de limón.

Preparación.

Lava el manojo de albahaca y déjalo escurrir. El mío venía atado y lo dejé colgando bocabajo de un tirador del mueble de encima del fregadero.

pesto vegano casero posando en plan casual

Pon una sartén, preferiblemente de hierro, a fuego medio-alto, sin aceite ni nada, y echa las avellanas partidas en dos. Baja un poco el fuego y déjalas tostarse unos 3 minutos, moviéndolas para que no se quemen. Agrega ahora los piñones (si retirar las avellanas) y deja 2 minutos más, moviéndolo todo para que no se quemen. Pasado ese tiempo, retira del fuego y reserva dejando que se enfríen un poco. Si decides echar sólo piñones, echa 1/2 taza en lugar de 1/4, y deja que se tuesten.

Pela el diente de ajo, ponlo en el vaso de la procesadora que tengas (yo usé la Thermomix) junto con los frutos secos previamente tostados y enfriados, y tritura unos segundos hasta obtener una especie de pasta. El aspecto será parecido a cuando mezclamos galletas con margarina para hacer la base de una cheesecake. Baja con una lengua de silicona lo que quede en las paredes del vaso.

La albahaca ya debería estar escurrida, pero si tienes un escurridor de lechugas y le puedes quitar el agua sobrante, mejor. Descarta los tallos, quédate sólo con las hojas y mide 3 tazas de hojas bien llenas.

A la mezcla de frutos secos y ajo, añádele las hojas de albahaca, la sal, la levadura nutricional, el tomillo y el agua. Tritura todo unos segundos, baja lo que quede en las paredes del vaso y tritura unos segundos más. Ahora añade el aceite de oliva y tritura. Por último, añade la cucharada de zumo de limón y tritura one more time.

debería haber sido pasta larga y buena, de Espiga Negra, por ejemplo, pero no tenía para 3 😦

Ya puedes pasar tu pesto vegano casero a un tuper o a un bote de cristal. Ayúdate de la lengua de silicona para rebañar bien el vaso. Yo le puse un papel film encima, procurando no dejar aire entre el pesto y el papel, porque a pesar de llevar un poco de limón, se oxida; luego lo tapé.

En el frigo aguantará unos días, pero, as usual, si te dura más de 3 es que algo has hecho mal… 😉

Observaciones sobre la receta. Después de probarla con la pasta os comento que sí, está muy bueno, pero la próxima vez voy a pasar de las avellanas y a hacerlo con el doble de piñones, porque estoy segura de que va a estar mejor aún. También le pienso echar 2 dientes de ajo, que es lo que decía la receta, porque Chema dice que estaba flojito.

tostadas con queso vegadelphia, aguacate y topping de cáñamo.

– ¿Qué es un rito ? – dijo el principito.
– Es algo también demasiado olvidado – dijo el zorro. – Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días, una hora de las otras horas. Mis cazadores, por ejemplo, tienen un rito. El jueves bailan con las jóvenes del pueblo. ¡Entonces el jueves es un día maravilloso! Me voy a pasear hasta la viña. Si los cazadores bailaran en cualquier momento, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.

Sí, molaría más si los cazadores los jueves tuvieran la costumbre de irse un poquito a la mierda y quedarse allí, pero el mensaje se entiende, no?

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desayunos de domingo

En mi casa pasa algo parecido los domingos por la mañana, pero con el café. Si el resto de días los cafés son o solos (Chema y yo) o con leche (de soja para Nacho y de avena para Paula), los domingos nuestros cafés se visten diferente. Nacho, por ejemplo, cuando vuelve del parque con Brow, se pone un café vienés, de esos de polvito, y se lo toma sentado en el sillón mientras lee sobre el Islam o sobre la Edad Media o sobre lo que quiera que abarque el tomo de la enciclopedia de Historia que acompaña desde hace tiempo a su café de los domingos. Yo, que normalmente lo tomo solo, con una cucharadita de azúcar, los domingos le pongo nata montada (vegana, ofkors) y me siento a la mesa a tomármelo mientras observo a Nacho leer. Y es que a mí, si hay algo que me ponga más que un tío con barbaca, es un tío con barbaca leyendo historia en papel. Paula los días de fiesta en general ronea hasta tarde y cuando por fin amanece, lo hace despeinada y con cara de dormida, nos saluda con la mano y se va a la cocina a ponerse un café bombón. Y en cuanto a Chema, su café sigue siendo solo, como a diario, pero los domingos lo acompaña con algo, ya sean churros, pan de espelta o, como en el caso de hoy, pan de centeno con queso de untar, aguacate, semillas de cáñamo y AOVE.

La receta de este queso me da hasta cosica ponerla, porque doy por hecho que cualquiera que lleve un mes siendo veganx sabrá hacerlo. Pero por si alguien, un muggle quizá que ande tonteando con el veganismo, no sabe que puede hacer su propio queso de untar a base de yogur de soja sin edulcorar, por aquí la dejo.

Dejo también la receta de este topping a base de semillas de cáñamo que, en teoría al menos, es para ensaladas, pero que en casa nos estamos comiendo a cucharás, de bueno que está. Si conseguís no coméroslo a caraperro y guardarlo para algo especial es que no lo habéis hecho bien :). La receta de este topping la saqué del Salad Samurai de T. H. Romero, mi última adquisición.

Queso *Vegadelphia a las finas hierbas.

(*untable tipo Philadelphia pero libre de explotación animal)

Ingredientes. 

  • Yogures de soja sin edulcorar (el queso suele quedarse en la mitad de la cantidad que uses, así que tú mismx; yo suelo usar mínimo 3).
  • Un chorrito de limón.
  • Una pizca de sal fina.
  • Una pizca de hierbas provenzales u otra hierba aromática que te guste.

Procedimiento.

Para hacer este queso necesitarás un vaso de batidora (o cualquier otro recipiente al que poder colocarle encima un colador), un colador, un paño de algodón y un tupper donde guardar el queso resultante.

Simplemente tienes que vaciar los vasitos de yogur sobre sobre el paño de algodón, que pondremos a su vez sobre un colador, y dejarlo reposar 24 horas a temperatura ambiente, tapado con el propio paño, en algún lugar apartado de la luz directa. Fin.

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de izquierda a derecha: yogur sudando suero, anacardos en remojo y almendras en remojo.

Como se puede apreciar en la foto (y ahí llevaba sólo 12 horas), el yogur irá perdiendo el suero, que irá cayendo en el vaso de la batidora (o donde tengas apoyado el colador). A su vez, en el paño irá quedando una bola cada vez más espesa que al cabo de un día tendrá el sabor y la textura del queso de untar.

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bola de queso recién sacada del paño

Al cabo de 24 horas, con las manos bien limpias, podrás retirar la bola de queso del paño y ponerla en un tupper. Una vez allí, la mueves con un tenedor o con una cuchara para darle la textura del queso de untar, le añades la sal (échale poca y prueba, que pa echarle más siempre hay tiempo, pero como lo pongas salado no tiene arreglo), las hierbas y un chorrito de limón, vuelves a mezclar y listo.

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queso vegadelphia terminado 🙂

Este queso aguanta en el frigo, en un tupper bien cerrado, unos 4 ó 5 días, aunque en mi casa nunca llega a durar tanto.

Topping de semillas de cáñamo.

Ingredientes. 

  • 1 Taza de semillas de cáñamo crudas (yo suelo comprarlas aquí o aquí).
  • 6 Cucharadas de zumo de limón.
  • 2 Cucharadas de agua.
  • 4 cucharaditas de pasta de shiro-miso o mismo blanco.
  • 2 cucharaditas de orégano seco.
  • 1/2 cucharadita de sal fina.

Procedimiento.

Precalienta el horno a 160º. Deja fuera la bandeja y fórrala con una hoja de papel para horno o papel vegetal.

En un bol, mezcla muy bien todos los ingredientes excepto las semillas hasta que tengas una marinada uniforme. Ahora agrega las semillas de cáñamo a la marinada y mezcla para que se empapen bien. Luego vierte las semillas con la marinada sobre la bandeja de horno que forraste con papel vegetal y extiéndelas bien. Hornea 15 minutos.

Pasados 15 minutos, saca la bandeja del horno, mueve un poco las semillas con un tenedor, vuelve a extender y ponlas de nuevo al horno unos 20 minutos, moviéndolas de vez en cuando.

Cuando la marinada se haya evaporado por completo y las semillas parezcan húmedas, apaga el horno, muévelas con un tenedor y deja al calor residual del horno unos minutos hasta que estén secas y doradas.

Sácalas del horno, muévelas con un tenedor y deja que se enfríen por completo. Una vez frías, guárdalas en el frigo en un recipiente con tapa y úsalas en un plazo de dos semanas. Tranquilx, no te van a durar tanto ni de coña.

mantequilla (receta de S. M. Conroy)

Nunca he sido mucho de mantequilla, la verdad, pero de higos a brevas me apetece una tostadita y en algunas recetas se usa para pochar cebolla y otras verduras. Sólo por eso solía tener siempre una terrina de margarina de ésa industrial en el frigo. Luego me enteré de toda la movida con el aceite de palma y empecé a leer las etiquetas, ya no sólo para asegurarme de que lo que fuera no llevaran nada de origen animal, sino para evitar comprar productos con palma. Fue así como me di cuenta de dos cosas: la primera, que casi todo lo que lleva aceite, lleva palma; la segunda, que encontrar una margarina vegetal sin nada de palma en supermercados normales era poco menos que imposible. Así que decidí buscar una receta y hacerla yo.

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se ve muy blanca y brillante porque saco unas fotos de mierda

De entre mis dos opciones principales, a saber, Miyoko y Conroy, opté por el segundo. Curiosamente esta receta no es de su libro Non dairy evolution, sino del Seitan and beyond (pág. 27). La receta de Miyoko la tenéis en el blog de Olga.

Si decidís hacerla, veréis que no tiene mucha ciencia. Ninguna en realidad. Medir, mezclar, procesar y refrigerar. Con tener todos los ingredientes y una procesadora o una batidora potente, basta.

Por ponerle una pega, sale demasiada cantidad, unas dos tazas, que es casi medio litro de mantequilla. Lo que yo he hecho es dejar parte fuera y el resto cortarla en bloques, envolverla muy bien en papel film y congelarla. Congelada aguanta hasta 3 meses y para usarla sólo tienes que sacar 1 bloque y dejar a temperatura ambiente (o en el frigo si es verano) un rato antes de usarla. En el frigo, siempre bien cubierta, aguanta hasta dos semanas.

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untada y fundiéndose con el pan

He puesto enlaces en los ingredientes que no venden en supermercados, por si no sabéis dónde comprarlos.

Ingredientes.

  • 1 Taza de aceite de coco refinado (no, no vale aceite sin refinar; salvo que quieras que sepa y huela a coco, claro, entonces sí).
  • 1/3 Taza de aceite suave (yo usé de girasol).
  • 2/3 Taza de leche de soja sin edulcorar. También vale la leche de almendras.
  • 2 Cucharadas + 2 cucharaditas de lecitina de soja.
  • 1 cucharadita de azúcar (yo uso integral ecológica).
  • 1/2 cucharadita de ácido láctico en polvo (puede sustituirse por 1 cucharadita de vinagre de manzana o de zumo de limón; yo usé limón porque el puto ácido láctico sólo lo encuentro líquido).
  • 1/2 ó 1 cucharadita de sal fina (al gusto, como si no le echas; yo le eché 1).
  • 1 cucharadita de levadura nutricional.
  • 1/2 cucharadita de xantana gum o de guar gum (yo usé xantana).

Preparación.

Antes de nada, asegúrate de que tienes todos los ingredientes en las cantidades necesarias. Ahora prepara el molde donde la vayas a guardar. Puedes usar uno de silicona (en cuyo caso tendrás que cubirlo con film trasparente) o un tuper con tapa. Yo uso un tuper que forro con film transparente grueso (del que venden en Mercadona) para desmoldar mejor. Es importante que te asegures de que el molde es de al menos medio litro, ya que salen 2 tazas de mezcla. Otra opción, más cómoda seguramente, sería usar cubiteras de hielos grandes, de modo que quede directamente porcionada.

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¡palma-free, señorxs! está to güena 🙂

Salvo que hagas esta receta en julio en Sevilla, empieza derritiendo el aceite de coco para medir la taza que te hace falta. Yo lo hago al baño María. Si derrites más de la cuenta, no te preocupes; en un rato habrá solidificado de nuevo.

Ahora en un bol mezcla el aceite de coco con el de girasol y reserva.

En otro bol, mezcla el resto de ingredientes. Ten cuidado de no olvidar ninguno. A mí se me olvidó echar el limón y me di cuenta cuando acababa de verterla en el molde para que enfriara, así que tuve que volver a pasar la mezcla a la Thermomix, añadirle el limón, procesar y volver a guardar.

Ahora agrega a los aceites el resto de ingredientes que tienes mezclados. Integra un poco con unas varillas. Ya puedes verter la mezcla en la procesadora y, empezando por una velocidad bajita, ve subiendo hasta meterle mucha caña. Para, baja con una lengua de silicona lo que se haga subido a los laterales de la Thermomix (o el procesador que tengáis) y procesa unos segundos más hasta tener una masa homogénea y densa. Vierte la masa en un tuper con tapa y refigera durante 2 ó 3 horas antes de usarla.

Luego lo típico, úntala en un buen pan, foto y a instagram con el tag #GoVegan 😛

queso Colby (receta de S. M. Conroy)

Ya sé que estoy muy quesera últimamente pero… un momento, ¿iba a justificarme por subir muchas recetas de queso? No, no…

Empiezo de nuevo.

Ya sé que estoy muy quesera últimamente. Si alguien quiere que le firme algún queso, que me escriba a kissthecook269@gmail.com, que se lo dedico 🙂

colby-cheese-y-libro

queso tipo cheddar recién hecho

El caso es que en la última semana me he jartado (sí, sé que es con h, no seáis jartibles) de mirar fotos de los libros del tal Conroy en el grupo de feis del que os hablaba en la entrada anterior. Y cuantas más fotos miraba, más experimentos quería hacer. Que yo otra cosa no, pero antojadiza…

Si no los he hecho ha sido por dos motivos. El primero, que he estado bastante liadilla cocinando para un par de amigas que no iban a poder preparar nada para nochebuena y no querían ser las únicas que no tuvieran nada especial que comer esa noche. El segundo, que mañana me voy a Edimburgo (¡SÍIIII!) y liarme a hacer quesos para que se mueran de asco en el frigo y tener que tirarlos cuando llegara, como que no.

Hasta que esta misma mañana, mientras ojeaba el Seitan and beyond, me he encontrado con una receta de queso que parecía que estaba lista en menos de 10 minutos y para la que tenía todos los ingredientes, hasta la goma xantana (único ingrediente raro), que compré hace tiempo en esta página y aún no había usado, y que, imagino, es lo que hace que este queso sea tan elástico. Y como no me iba a quedar tranquila hasta que no lo probara y tengo la misma fuerza de voluntad que una ameba, pues eso… 🙂

Se trata de un queso tipo cheddar, que funde y que se estira cuando lo metes entre dos rebanadas de pan calientes y le das un bocao. Vamos, que es un queso ideal para sandwiches. Además la receta no puede ser más sencilla. La única dificultad está en tener todos los ingredientes, incluyendo ésos que salvo que vivas en Madrid o Barcelona sólo encuentras vía internet, pero que si vas a hacer quesos veganos a menudo son una inversión.

Ingredientes

  • 3/4 taza de leche de soja sin edulcorar.
  • 1/4 taza de aceite de girasol (o algún otro aceite que sea lo más neutro posible).
  • 3 Cucharadas de almidón de tapioca.
  • 2 Cucharadas de levadura nutricional.
  • 1 Cucharada de pasta de miso blanco.
  • 1 Cucharada de pasta de tomate concentrado.
  • 1/4 de cucharadita de mostaza molida (la especia, no la salsa).
  • 1/4 de cucharadita de cebolla en polvo.
  • 1/4 de cucharadita de sal fina.
  • 1/4 de cucharadita de goma xantana en polvo.

Procedimiento

La dificultad de este queso es cero.

Empieza por dejar preparado el recipiente donde vas a guardarlo. Yo suelo usar o un tupper o una cazuelita de barro, cualquiera de los dos forrados con papel film.

Ahora sólo tienes que mezclar todos los ingredientes, batirlos con una batidora de mano durante un minuto y poner la mezcla a fuego bajo, sin dejar de remover durante unos 5 minutos, hasta que tengas una masa viscosa y brillante que se despega de las paredes de la sartén.

Llegados a ese punto, lo retiras del fuego y lo viertes en el recipiente que hayas preparado para ello. Luego lo dejas enfriar a temperatura ambiente y ya puedes guardarlo en el frigo envuelto en papel film. Si haces esto verás que se endurece, pero cuando se calienta, por ejemplo, metiéndolo entre dos panes en la sandwichera, volverá a fundir.

Otra opción es no esperar a que se enfríe y untarlo en pan recién tostado según lo retiras del fuego, que como podéis imaginar es lo que he hecho yo, que no puedo ser más ansias.

Para otra vez que lo haga, creo que voy a echarle un poco más de sal, porque para mi gusto estaba un pelín sosillo. Pero si lo haces por primera vez, te recomiendo que sigas las proporciones que vienen en la receta original y ya si eso le añades sal directamente.

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La foto es tan cutre que me da vergüencita subirla, pero de momento es lo que hay. El queso estaba templado. Imagináoslo calentito… 🙂

camembert (by Miyoko Schinner)

Como ya sabréis, si habéis leído algo de lo que he publicado anteriormente, en mi transición del vegetarianismo (que venía practicando sin esfuerzo desde que nací) al veganismo, lo único que de verdad de la buena me costó dejar fue el queso. Ni helados, ni Mars, ni esas gominolas hechas de gelatina que me comía a puñaos cuando iba al cine (y voy MUCHO al cine). El queso y ya.

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Camembert de Dimensión Vegana

A día de hoy, sin embargo, si veo queso de verdad en una mesa compartida con muggles, lo miro como se mira a alguien de quien estuviste completamente colgadx y, pasado el tiempo, te has dado cuenta de que era un/a mierder. Y piensas “en serio, ¿qué coño veía yo en esx tíx?“.

Pero no nos engañemos. Que no eche de menos el queso en sí, no quita para que haya investigado opciones más o menos éticas (más o menos, digo, porque en muchos se usa el aceite de coco) con las que sustituirlo en salsas, toppings, o platos principales.

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Mozzarella de Dimensión Vegana. ¡FUNDE, lo juro!

Hasta hace un mes apenas me había atrevido con cremas tipo queso y con el parmegano (que es con lo que espolvoreo los platos de pasta y la verdura al horno y de lo que subiré receta en una entrada sobre quesos que se hacen en menos de lo que estoy tardando en escribir esta frase tan larga). Y mientras, seguía comprando todos los quesos envasados que encontraba y que me decepcionaban invariablemente. Entonces entré en la página de Dimensión Vegana – que por cierto, tienen un taller de quesos veganos online GRATIS y un pdf la mar de interesante sobre ingredientes básicos que podéis bajaros pinchando aquí-, y vi esta receta de mozzarella. Y la hice. Y fue como una epifanía. ¡Podía hacer mi propio queso¡ Y ya que me metía, hice esta otra de camembert, que quedó bastante aparente y que, en cuanto a textura para poner en pan me gusta más que el de Miyoko que os traigo hoy.

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Camembert de DV con alcaparras

En cuanto al libro de Miyoko, no os voy a engañar… bonito, lo que se dice bonito, no es. Tiene, inexplicablemente,  las letras impresas en un tono marrón aguado y apenas trae fotos. Por suerte, lxs veganxs estamos por encima de todo eso, ya que si nos quedamos en las apariencias jamás comeríamos cosas como el seitán. Por lo demás el libro está genial. Recetas claras y bien estructurado, con capítulos según el tipo de queso (quesos curados, secados al aire, que funden, etc.) y uno final de recetas donde le da uso a sus quesos, incluyendo postres. Mi recomendación es que os lo compréis. O que se lo pidáis a Santa en un par de meses, si os lo habéis merecido. Eso sí, está enterito en inglés, por lo que cada vez que haga una receta suya que me guste, la traduciré y la iré dejando por aquí, por si me lee alguien que sea más de francés 🙂

De entrada voy a dejaros la del camembert, pero antes os recomiendo que leáis estas notas donde he tratado de resumir algunas cosillas importantes a tener en cuenta.

Os anticipo, eso sí, que a camembert no sabe. El de Dimensión Vegana se parece bastante más, sobre todo si vas a untarlo; aun así, éste bueno está tela. Y empanado, ni os cuento.

Quiero ver si mezclo recetas y me quedo con lo mejor de cada. Ya os contaré si lo consigo.

Cosas importantes a la hora de elaborar este queso. 

  • El rejuvelac, que de entrada es algo así muy raruno y que puede sonar a elixir de eterna juventud, no es más que el agua enzimática resultante de dejar en remojo durante 24 horas semillas previamente germinadas. Tiene aspecto de agua sucia, huele regu y sabe peor, pero para hacer ciertos quesos es fundamental. Podéis comprarlo hecho (si lo encontráis), pero es tan fácil y económico de hacer que no creo que merezca la pena. Las ventajas de hacerlo tú mismx es que puedes congelar el que te sobre y tenerlo para otro queso que quieras hacer. Para hacer rejuvelac necesitarás un tarro germinador (yo tengo éste), semillas de cereal integral (yo usé kamut), un paño y un poquito de paciencia. Como el rejuvelac es un paso previo al queso, contad con el tiempo que tarda en estar listo antes de poner los anacardos en remojo. El tutorial para hacer rejuvelac podéis verlo si pincháis aquí.
  •  Respecto a la sal, asegúrate de que la sal que usas para hacer los quesos secados al aire y para la capa externa sea no yodada. La sal yodada puede inhibir o restarle fuerza al ácido láctico en el proceso de fermentación del queso, haciendo que enmohezca (creo que es la primera vez que escribo esta palabra en mi vida) y que la fermentación fracase.
  • Tanto el carragenato como el agar son espesantes y si bien pueden usarse indistintamente (teniendo en cuenta que 1 cucharada de carragenato equivale a 2 cucharadas de agar), la ventaja del primero sobre el segundo es que es “reversible”, esto es, cuando se enfría la masa, se endurece y cuando se calienta, si ponemos el queso sobre una pizza, por ejemplo, funde (en función de la base del queso, claro). Conviene optar por el carragenato especialmente cuando hacemos quesos que funden, como la mozzarella. A día de hoy, a diferencia del agar, el carragenato no lo venden en los supermercados, así que salvo que vivas en ciudades como Madrid o Barcelona, vas a tener que comprarlo por internet. Yo lo compro, como compro todas las cosas raras, en el Cocinista.
  • Aroma concentrado de queso. Esto….. vale, igual he querido ir de guay y resulta que sí que echo un poco de menos el queso. Anyway, esto no está en la receta original y es perfectamente prescindible, pero si añadís unas gotas de este extracto a vuestra masa, olerá a queso. A ninguno en particular, simplemente a queso. Yo lo compré, junto al carragenato, aquí.

Ingredientes. 

  • 1 Taza rasa de yogur de soja sin edulcorar.
  • 1 Taza de anacardos crudos, hidratados en agua durante 3 a 8 horas.
  • 1/2 Taza de rejuvelac (preferiblemente casero).
  • 1/4 Taza de aceite de canola. Yo no tenía y usé aceite de girasol refinado (se trata de buscar el sabor más neutro posible)
  • 2 Cucharadas de levadura nutricional.
  • 1 + 1/2 cucharaditas de sal no yodada.
  • 3 Cucharadas de almidón de tapioca.
  • 1 Cucharada de carragenato Kappa en polvo ó 2 cucharadas de agar en polvo. Yo usé carragenato.
  • Unas gotas de aroma concentrado de queso.

Preparación.

  1. Partimos de que ya tienes hecho el rejuvelac y que dejaste los anacardos metidos en agua la noche anterior. Pon en el vaso de la procesadora de alimentos o de la batidora los anacardos (escurridos), el yogur, la levadura nutricional, el rejuvelac, el aceite y una cucharadita de sal no yodada (la otra media la utilizaremos al final de la receta). Procésalo hasta que esté todo integrado y tenga una consistencia cremosa y suave.
  2. Fermenta el queso: transfiere el resultado de la procesadora a un bol de cristal, cúbrelo (yo lo hice con un trapo de cocina limpio) y deja reposar a temperatura ambiente de 24 a 36 horas. Cuanto más lo dejes, más sabor va a tener porque el rejuvelac va a tener más tiempo para fermentar la crema.
  3. camembert-miyoko-sudando

    Paso 5. Camembert de Miyoko sudando después de la exfoliación

    Espesa el queso: pon la crema en una sartén, a fuego medio, y añade el almidón y el carragenato (o el agar, si es lo que vas a usar). Remueve constantemente con una cuchara de madera durante 3 a 5 minutos. Casi al final, añade unas gotas de aroma de queso (si quieres). Burbujeará y se irá poniendo más espesa y brillante, y te irá costando más moverla. Yo, que acabo de meterme en el fregao de hacer quesos, tengo el brazo derecho petao de mover. Y ahora explícale tú a la gente que no, hombre, que es de hacer quesos veganos y tal…

  4. Dale forma: ahora tienes que elegir un bol /tuper al que transferir la masa. Recúbrelo con tela quesera o con papel transparente (es sólo para poder desmoldarlo después). Yo lo hice con tela quesera que compré, adivinad dónde. Ahora vierte la masa en él y deja reposar a temperatura ambiente hasta que esté completamente frío. Luego cúbrelo (con papel film o con la tapa del tuper) y mételo en el frigo durante al menos 4 horas, hasta que esté lo suficientemente firme como para desmoldarlo.
  5. camembert-miyoko-cortado

    Paso 6. Camembert listo. Corte para que veáis la textura.

    Desmoldar y salar: pasado ese tiempo ya puedes sacar el queso del frigo, desmoldarlo usando la tela quesera o el papel film (que ya puedes retirar), y colocarlo sobre una rejilla. Ahora lávate las manos (se supone que todo el tiempo las tienes limpias, pero…) y sécatelas pero no del todo. Échate en las palmas la media cucharadita de sal que no usaste al principio – que aquí no se tira na- y frota bien toda la superficie del queso con la sal, como si lo estuvieras exfoliando, pero con cuidado de no llevarte el queso al hacerlo.

  6. bocaditos-camembert-de-miyoko-empanados

    Bocaditos de Camembert empanados

    Dejar secar: ahora viene la parte más difícil, al menos para mí, que de paciencia voy justica. Se trata de colocar el queso sobre una rejilla (la mía es como ésta) en un sitio fresco y bien ventilado y dejarlo estar de 24 a 48 horas. Sin tocarlo. Sin cortarlo. Sólo mirarlo (y olerlo, si quieres). Como en la coplilla de Police (ains, qué recuerdos…). Pasado ese tiempo es todo tuyo y puedes comértelo a bocaos, cortarlo en dados, empanarlo y freírlo, o lo que más coraje te dé. Yo lo corté en daditos, lo empané pasándolo por agua con harina de garbanzos y pan rallado, lo freí, y quedó tal que así. Porque los veganxs sólo comemos lechuga. Empanada, en este caso.

 

Y na, eso. Cualquier duda, me la dejáis en un comentario. Y si lo hacéis, quiero foto 😉