pepper jack

Éste es uno de esos quesos agradecidos, que se hace en lo que dura una versión de Layla en directo y que -salvo a quienes no les vaya mucho el picante- gusta a todo el mundo. La receta la encontraréis en este libro, que es una maravilla y que no me cansaré de recomendar. Así que lo hacéis y subís fotos a Instagram o a alguna otra red social, sed agradecidxs y poned algún hastag que haga referencia a Conroy o a su libro (tipo #thenondairyevolutioncookbook).

Pepper Jack sobre crackers salados

Para hacer este queso, y esto vale igualmente para todos los que lleven aceite de coco, os recomiendo que NO uséis una sartén antiadherente sino una normal, de piedra o de hierro, o incluso un cazo, para que el aceite no resbale en las paredes de la sartén. Yo al principio siempre usaba una antiadherente y me costaba la vida ligar la base (leche de soja) con la grasa (aceite).

Os recomiendo también que para integrar el aceite con la mezcla de leche uséis al principio unas varillas y, una vez integrado, una espátula de silicona (de lo contrario se os quedaría mucho queso en las varillas al final).

Por lo demás, no tiene mucha ciencia: mezclar, calentar, integrar y esperar a que se enfríe. Se tarda más en explicar cómo se hace que en hacerlo, palabrita 🙂

En mi casa vuela, así que no os puedo decir cuánto dura en buenas condiciones en el frigo, aunque al llevar base de leche calculo que unas dos semanas. A mí me encanta usarlo en sandwiches calientes, porque funde, aunque también está buenísimo en frío sobre unos crackers salados.

Ingredientes. 

  • 1 y 1/3 de Taza de leche de soja o de almendra sin edulcorar. Si es casera, mejor.
  • 1/4 de Taza de almidón de yuca/tapioca (como éste).
  • 2 Cucharadas de levadura nutricional (yo uso ésta).
  • 4 cucharaditas de de carragenato Kappa (yo lo compro aquí).
  • 1 y 1/4 cucharadita de sal fina de mesa no yodada.
  • 2/3 de Taza de aceite de coco refinado.
  • Jalapeños en conserva, verdes y/o rojos. Al gusto. Yo suelo ir cortando hasta que lleno 1 Cucharada bien densa.
  • 1 cucharadita de ají (guindilla seca en escamas).
  • 2 cucharaditas de vinagre de manzana.
  • 1/4 de cucharadita de ácido láctico en polvo o, si no lo encuentras, 1 cucharadita de zumo de limón.

Preparación.

Salvo que lo hagas en pleno verano y el aceite de coco esté derretido, lo primero que debes hacer es poner el tarro al baño María para fundir el aceite y poder apartar el que vas a necesitar. Si se funde más del que acabes usando, no te preocupes: volverá a solidificarse de nuevo, así que no se desperdicia nada.

Pepper Jack fundido en un sandwichito 🙂

Mientras se funde el aceite, echa la leche de soja, el almidón de yuca, la levadura nutricional, el carragenato y la sal en el vaso de la batidora y bátelo todo unos segundos para que se mezcle bien. Puedes hacerlo con la batidora o con unas varillas, lo importante es que no queden grumos.

Deja medido el vinagre y el ácido láctico o el zumo de limón que necesitarás más adelante y reserva.

Lava los jalapeños que vayas a usar para quitarles el sabor a vinagre y córtalos en cuadraditos minúsculos. Luego mide los copos de guindilla seca y reserva todo en un plato. En este punto ten cuidado, no vayas a tocarte un ojo sin querer antes de lavarte las manos. Eso sí, si lo haces, sube tu foto a Instagram desde urgencias y etiquétame para que pueda ponerte eso de te lo dije.

Prepara el molde donde vayas a enfriar el queso más tarde. Yo suelo hacerlo en un tuper que forro con papel transparente del grueso (lo compro en Mercadona) para poder luego desmoldarlo bien.

Ya debería estar derretido el aceite de coco que necesitarás. Apaga el fuego, deja el bote al calor residual del agua y vamos al lío.

bloque de Pepper Jack reposando antes de meterlo en el frigo

Vierte en la sartén la mezcla que batiste previamente. Lo ideal sería hacerlo con la leche a temperatura ambiente/templada. Si has usado la leche directamente del frigo, enciende el fuego (bajo) y deja que la mezcla se temple un poco antes de añadir el aceite. Ahora mide los dos tercios de taza de aceite de coco líquido, añádelos y bate bien con unas varillas, procurando que se mezcle (no esperes que quede integrado inmediatamente). A continuación, a fuego bajo, ve removiendo lentamente con la espátula. Hazlo como si estuvieras rebañando la sartén con la espátula, desde los bordes hacia dentro. La mezcla irá siendo cada vez más uniforme e irá espesando.

Si por lo que sea, antes de añadir los jalapeños, se te corta la emulsión, retírala del fuego y trata de ligarla removiendo enérgicamente. Si aun así no liga, échalo todo en un vaso de batidora y bátelo. Luego vuelve a echarlo en la sartén y sigue calentando y moviendo con la espátula hasta que espese.

Cuando vaya tomando consistencia de nata espesa, añade los jalapeños y la guindilla en escamas e intégralos. Sigue removiendo hasta que la mezcla se separe de los bordes con facilidad y tengas una masa viscosa y uniforme. Una vez que la tengas, apaga el fuego, retira la sartén del calor residual y añade el vinagre y el ácido láctico (o el zumo de limón) que habías reservado antes. Ten cuidado al integrarlo porque el vinagre tiende a resbalar sobre la mezcla y a salir disparado de la sartén, así que hazlo moviendo con mucho cuidado.

Una vez que veas que se ha integrado bien, añade rápidamente la mezcla en el tuper que tenías preparado y deja enfriar una media hora a temperatura ambiente. Pasada esa media hora, tápalo y mételo en el frigo.

En su libro, Conroy recomienda envolver el queso en papel de cocina para secar el exceso de aceite. Yo no lo hago y queda bien, pero si os parece que está demasiado graso, hacedlo y luego retirad el papel.

Anuncios

milanesas de avena y semillas

La receta base para hacer estas milanesas la he sacado de uno de los primeros libros de cocina que compré y que más trillados tengo, Cocina Vegana de Lucía Martínez y Virginia García, que ya que estoy, os recomiendo muchísimo.

INCISO: si (lo) compráis vía Amazon porque no lo encontráis en librerías de barrio, acceded a Amazon por el banner que tienen en el blog de Cristicats, por favor. Para vosotrxs no supone ninguna diferencia y a ellxs le donan parte de lo que os gastéis si lo hacéis así. Gracias ❤

Y ahora sí, al lío. Básicamente la receta es igual salvo que yo le he añadido ajo granulado y semillas de cáñamo pelado, he cambiado un poco las especias y las he empanado con panko (pan rallado japonés, que es más gordito), aunque creo que también pueden quedar interesantes empanadas con kikos (maíz frito). También quiero probar a añadirle tofu a la mezcla, porque a los escalopes veganos que ya compartí por aquí le daban una textura increíble.

Pros de estas milanesas: son sencillas, baratas, muy interesantes nutricionalmente hablando, están buenísimas y además se pueden congelar 🙂

Contras: si no tienes fuerza de voluntad, como es mi caso, te acabas comiendo media docena, así, sin pestañear. Y al ir fritas (aunque se pueden hacer al horno también) no son lo que se dice de régimen 😦

Ingredientes:

Para las milanesas:

  • 1 Taza de copos de avena.
  • 1 Cucharada de semillas de lino (*ver notas a pie de receta).
  • 1 Cucharada de semillas de sésamo (*ver notas a pie de receta)..
  • 1 Cucharada de semillas de calabaza (peladas, obviamente, y crudas) / (*ver notas a pie de receta).
  • 1 Cucharada de semillas de pipas de girasol (peladas y crudas) / (*ver notas a pie de receta).
  • 1 Cucharada de semillas de semillas de cáñamo (peladas y crudas).
  • 1 cucharadita de ajo granulado o un par de dientes de ajo muy picaditos.
  • 1/2 cucharadita de albahaca.
  • 1/2 cucharadita de orégano.
  • 1/4 cucharadita de romero.
  • 1/4 cucharadita de tomillo.
  • 2 Tazas de agua (yo uso agua filtrada, pero cada cual que use la que le parezca).
  • 1/2 pastilla de caldo de verduras (yo uso 1 cucharadita de este caldo).
  • 1 Cucharada de humo líquido (*ver notas a pie de receta).
  • una pizca de sal (al gusto).

Para el empanado:

  • 1 Taza de harina de trigo (si es integral, mejor) o de espelta.
  • 2 Tazas de panko (pan rallado japonés), pan rallado normal o de kikos molidos.
  • No huevo:
    • 5 Cucharadas de harina de garbanzo.
    • 2 Cucharadas de vinagre de manzana.
    • 1 pizca de sal marina (alrededor de 1/8 de cucharadita).
    • 1 pizca de sal Kala Namak (alrededor de 1/8 de cucharadita). Yo uso ésta.
    • 1 pizca de cúrcuma (para darle color).
    • 1 Taza de agua filtrada o mineral (o del grifo, si os gusta).

Preparación:

qué me gusta mi mortero

Lo primero que tendrás que hacer es coger todas las semillas y molerlas en un mortero. Si además vas cambiando de mano acabarás echando unos brazacos que no veas. La próxima vez que haga estas milanesas quiero comprobar cuál es la equivalencia de volumen entre las 5 cucharadas de semillas enteras y el resultado ya molido, para así poder moler más cantidad de una vez y reservar la mezcla para la siguiente. Ya actualizaré cuando lo haga.

Una vez que tengas molidas las semillas, echa todos los ingredientes secos (es decir, la avena, las especias, el ajo granulado /fresco y picado, y la mezcla de semillas que has apartado antes) en un bol. Si usas caldo granulado como yo, échalo también. Mezcla muy bien.

Pon esa mezcla en un cazo antiadherente, vierte sobre ella el agua y el humo líquido y mezcla hasta que esté todo integrado. Ponlo a fuego fuerte y remueve sin parar durante 5 ó 6 minutos hasta que quede una masa densa que se despegue de las paredes del cazo. Cuando esté, retírala del fuego.

rectángulo de masa enfriándose

Para hacer estas milanesas mi técnica, que difiere bastante de la del libro, es la siguiente: corto un trozo doble de papel film  y lo coloco sobre la encimera de la cocina. Vierto la masa sobre la mitad, dejando la otra mitad para tapar. Con una cuchara de madera o de silicona voy dándole forma de rectángulo sobre el papel film. Cuando más o menos la tiene, lo cubro con el trozo que sobraba y voy aplastando con las manos hasta dejarlo lo más uniforme posible, con 1 cm de grosor (más o menos) y los bordes rectos.

Una vez que tengas hecho tu rectángulo grande, déjalo enfriar, tapado siempre con el film, durante unos 15 ó 20 minutos. Cuando esté templado-frío, ya puedes cortarlo. Yo hago 2 ó 3 tiras a lo largo y luego otras a lo ancho, de modo que me quedan entre 9 y 12 rectángulos pequeños (que luego serán las milanesas). Podría intentar darles forma de filete, pero se trata de una masa algo pegajosa y cuanto menos la manipulemos, mejor. Además, se trata de que esté bueno. Y buenos están tela, palabrita 😉

te las comerás como si fueran regañás

A la hora de empanar, ten preparados 3 boles: uno con la harina de trigo o de espelta, otro con el panko (o lo que vayas a usar) y el tercero con el no huevo. Para hacer el no huevo únicamente tienes que mezclar el agua, la harina de garbanzo, el vinagre de manzana, la cúrcuma y las sales, aunque mi recomendación es que tengas a mano un tenedor y remuevas de vez en cuando para que la harina no se quede toda en el fondo. Ahora sólo tienes que ir pasando los rectángulos por harina (una capa fina basta), no huevo y panko. Para que coja bien el panko, yo suelo apartar una montañita a un lado del tuper, coloco el filete (que ya lleva la harina y el no huevo) sobre una capa de panko y cubro con el que había dejado aparte; luego presiono ligeramente para que se le pegue bien y listo.

así quedan por dentro y sin flash

Una vez que las tengas todas hechas puedes o bien freírlas en aceite de girasol muy caliente, o bien pintarlas con un poco de aceite y hornear a 200º (calor arriba y abajo) unos 10 minutos, o bien congelar. Si vas a congelarlas, mi consejo no solicitado de hoy es que cortes rectángulos de papel vegetal y separes unas de otras con ellos. Puedes apilarlas dentro del tuper que vayas a usar, congelar y luego sacar sólo las que quieras hacer sin que se queden pegadas unas a otras.

Yo suelo hacer el doble de cantidad de la que he puesto en la receta, congelo algunas y otras nos las comemos ese mismo día. Así siempre tengo algo rico reservado para sacarlo cualquier día que no me apetezca cocinar.

Si las haces, me cuentas 🙂

Notas sobre los ingredientes:

* El humo líquido es algo que hasta que no me hice vegana no sabía ni que existía y que ahora uso un montón. He probado varias marcas y hay una gran diferencia entre unas y otras. En el Carrefour, por ejemplo, tienen Ahumadito, que es color cerveza rubia y que no me gusta especialmente. Luego hay otras, como Stubbs, que usan madera de nogal y son más espesos y oscuros. Obviamente el precio también varía y la primera vez que lo compras parece una clavada porque suele tratarse de botes pequeños y rondar los 3 ó 4 euros. Para mí merece la pena porque consigues un sabor que de otro modo es imposible de lograr, pero ya que cada cual vea si le compensa.

* Si no queréis comprar un montón de paquetes de semillas distintas y/o pasáis de darle al mortero, podéis sustituir las 4 cucharadas de semillas enteras (lino, sésamo, calabaza y girasol) por 2 cucharadas de esta mezcla de semillas de Linwood (aunque faltaría el sésamo) o por esta otra (que además lleva bayas de goji). Las semillas de cáñamo aunque las echéis sin moler quedarán bien.

crema agria fermentada (actualización: con y sin usar rejuvelac).

Crema agria sobre una patata asada. Crema agria sobre unos nachos con queso y pico de gallo (que no es el pico de un gallo, como malpensé yo la primera vez que lo vi en una carta, sino pimiento, tomate y cebolla cortado muy chiquitito). Crema agria sobre Idris Elba… ❤ . La crema agria le va bien a muchas cosas. Bueno, a Idris le queda bien todo, tampoco estoy descubiendo la pólvora 🙂

A mí me encantaba cuando era vegetariana y es una de esas cosas que, sin quitarme el sueño, he echado de menos acompañando a ciertos platos desde que soy vegana. Así que cuando la vi en el Non-dairy evolution me prometí a mí misma hacerla en algún momento. Me echaba pa’trás el tema de que el ingrediente base fueran anacardos, la verdad, porque a mí los sustitutos veganos lácteos que menos me gustan son los que llevan una base de frutos secos. Pero bue… qué menos que concederle el beneficio de la duda al sr. Conroy.

La receta en sí es bastante sencilla aunque no precisamente rápida. Tienes que haberla previsto días antes porque necesitas tener hecho rejuvelac y eso lleva unos días (salvo que seas previsora/or y tengas congelado). También tienes que tener anacardos crudos en tu despensa. Y no sé a vosotrxs, pero a mí me salen a unos 14 pavos el kilo. Vamos, que sencilla no implica ni rápida, ni barata. Es un capricho, sí… pero yo es que me consiento mucho a mí misma 🙂

El caso es que había hecho un carro de rejuvelac (*ver nota a pie de receta) la semana anterior y había comprado anacardos para varias recetas que quería probar. El resto era dejarlos en agua y a la mañana siguiente procesar 4 cosas en la Thermomix. ¿Qué podía salir mal?

No, no es una pregunta retórica (ojalá).

¡Atiende! Pasos para NO hacer crema agria:

  1. Hacer rejuvelac.
  2. Dejar anacardos (a precio de sangre de unicornio) en remojo el día antes.
  3. Echar todo a la Thermomix.
  4. Meter la lengua de silicona (ésa que tienes hace tanto tiempo y que adoras) para bajar los anacardos que se van quedando en el lateral.
  5. Hacerlo con la Thermomix en funcionamiento porque “tú controlas”.
  6. Quedarte sin lengua de silicona y sin crema agria todo en uno.
  7. Llorar y maldecir en 7 lenguas, algunas de ellas desconocidas, a dioses imaginarios.
  8. Plantearte la posibilidad de que la silicona no esté tan mal e incluso de que hayas creado un plato único.
  9. Imaginarte en urgencias, explicando que no, que no te drogas. Que lo único que se te ocurre que te ha podido sentar tan mal quizá sean unas trazas de silicona. Quizá, eh…

crema agria al aroma de silicona 🙂

Y como quien no se consuela es porque no quiere, pasado un rato me dije que podría haber sido peor (podría haberme cargado la Thermomix; podría haber metido un poquito la mano para bajar la masa y haber tenido que aprender a cocinar con la izquierda, podría… ). Tiré todo, limpié la máquina y volví a dejar anacardos en remojo para el día siguiente. Ésa es la actitud, Loki and the loker, me dije también.

Y así fue como, un día más tarde de lo previsto, hice por fin mi primera crema agria.

Para lxs que hayáis llegado hasta aquí, enhorabuena, habéis demostrado tener la suficiente paciencia como para hacerla. Y ahora sí, empieza la receta 🙂

Ingredientes (si la hacéis CON rejuvelac):

  • 1 Taza y 1/2 de anacardos crudos.
  • 1 Cucharada de aceite de coco refinado.
  • 3/4 Taza de Rejuvelac.
  • 1/4 cucharadita de sal fina.

Ingredientes (si la hacéis con cápsulas de probióticos):

  • 1 Taza y 1/2 de anacardos crudos.
  • 3/4 Taza de agua mineral o de agua filtrada
  • 1/2 cucharadita de sal fina.
  • 2 cápsulas de probióticos veganos (yo compro éstas).

Procedimiento:

Una vez aclarado lo que NUNCA hay que hacer, veamos lo que sí.

Si la vas a hacer con rejuvelac, tienes que haberlo preparado previamente (abajo dejo un enlace al método que sigo yo). También tienes que haber dejado los anacardos en remojo la noche antes (u 8 horas antes, si los dejas por la mañana y quieres hacerla por la tarde). Si empieza a hacer demasiado calor, mételos en el frigo.

crema agria vegana

Mide la cantidad de aceite de coco que necesitas y derrítelo. Yo lo hago poniéndolo en una tacita de café o en un vaso, que a su vez pongo al baño María en una sartén. No se tarda nada y si sobra lo devuelvo al tarro porque en unos minutos solidificará otra vez. Aparta mientras escurres los anacardos.

Ahora escurre bien los anacardos y añádelos a tu procesadora o batidora potente junto con la sal y el aceite de coco líquido que tenías apartado. Conroy agrega en este punto también el rejuvelac. Yo procesé primero estos 3 ingredientes, parando la Thermomix de vez en cuando (algo he aprendido) y bajando con una puta pala de madera (porque mi lengua de silicona había muerto, RIP, y no había podido comprar otra aún) la masa que se iba quedando en los laterales. Si añades el rejuvelac desde el minuto uno, vigila que la masa no se caliente demasiado o echarás a perder los probióticos del agua enzimática. Si lo haces como yo, cuando la mezcla esté más o menos cremosa (aunque espesa), añade el rejuvelac y procesa unos segundos más para asegurarte de que se integra bien.

Si la haces con las cápsulas de probióticos, simplemente sáltate el paso de hacer y añadir el rejuvelac, sustituye el aceite de coco por el agua, y añade el interior de las 2 cápsulas de probióticos a la procesadora. El interior, ojo, no la cápsula entera (tienes que abrirlas y vaciarlas).

Ahora vierte la crema en un recipiente con tapa y déjala fermentar a temperatura ambiente de 24 a 48 horas. Ten en cuenta que a mayor temperatura ambiente, antes fermentará, así que puedes probarla a las 24 horas, a ver qué tal va.

Una cosa que ocurrirá durante el proceso de fermentación es que la masa aumentará de volumen tomando una textura como con burbujas de aire en su interior. Esto es perfectamente normal, así que no la vayas a tirar. Cada 12 horas, abre la tapa y deja que salga el dióxido de carbono acumulado y vuelve a tapar.

Cuando esté fermentada, bátela con unas varillas muy enérgicamente. Luego ponle un papel film por encima y aplasta la superficie alisándola con la parte de abajo de una cuchara de modo que el papel quede pegado a la crema. De este modo evitarás la oxidación y los cambios de color.

Ahora cierra de nuevo el tuper y guarda en el frigo al menos 12 horas antes de consumir. Ten en cuenta que cuanto más tiempo pase, más espesará y más sabor tendrá.

—————-

(*) Yo el rejuvelac lo hago siguiendo este método. Uso Kamut (un tipo de trigo muy poco modificado a lo largo de la historia) que compro en Mercado flotante. Según Conroy, el rejuvelac aguanta 2 semanas en el frigo, aunque va perdiendo potencia conforme pasa el tiempo, por lo que es mejor usarlo lo antes posible.

caldo de (sobras de) verduras

El nombre de esta receta es de por sí un spoiler a la altura de ‘Crónica de una muerte anunciada’... Pero con to y con eso os voy a contar cómo hacer un caldo de verduras que te mueres (al hilo del libro de GGM… ains, qué chispa tengo) con esas cosillas que normalmente tiramos cuando nos metemos en la cocina. La receta la vi en un vídeo de esos de trucos para cocinar y me pareció una ideaca así que empecé a guardar todo, a ver qué salía…

img_20170302_163537_572

caldo de sobras de verduras

Este de la foto lo hice ayer, durante unas dos horas, mientras cocinaba otras cosas en otros fuegos. Y cuando lo probé y vi el color que tenía, flipé. Mucho. De hecho creo que es el mejor caldo de verduras que he probado.

Las verduras, cuyos restos fui acumulando a lo largo de una semana para hacer el mío, fueron: zanahoria, cebolla, puerro, champis, brócoli, coliflor, patatas, calabaza y puerro. Proporciones, por motivos obvios, no puedo dar. Es otra de las cosas que me gustan de esta receta, que cada vez va a salir diferente, pero siempre saldrá rico porque las verduras que uso normalmente suelen ser ésas y todas me encantan 🙂

Y como entre los ingredientes veréis que hay pieles de cosas que se pelan con pelador, aprovecho para contaros que el otro día me compré dos (porque el que tenía para pelar tomates lo debí tirar sin darme cuenta junto con las pieles; así soy yo): uno como el que tiré y este otro. Los dos son maravillosos y, para mí, una inversión porque los uso muchísimo. Llevaba tiempo con ganas de uno que fuera bueno y ancho y la espera ha merecido la pena. Os lo digo por si estáis pensando comprar alguno. Y un poquito para chulear, eso también 😉

Ingredientes.

Restos de verduras que solemos desechar al cocinar, esto es:

  • la primera capa de la cebolla / puerro.
  • la parte verde del puerro, ésa que siempre te preguntan en la frutería que si te la cortan y tú dices que sí. Not anymore.
  • las bases (yo les llamo los culos, pero bue) de las zanahorias, cebollas, puerros, etc.
  • las pieles de las zanahorias, calabazas, nabos, patatas y en general todo lo que peles con un pelador.
  • los tallos de champis, brócoli, coliflor.
  • la vaina de las cosas con vaina (guisantes, edamame etc.).
  • la parte que descartas (porque está fea) de verduras que vienen rotas.
  • los tallos del perejil cuando te quedas con las hojas y tiras el resto.

Anyway, en el blog de Olga, que sabe muchísimo más que yo de (entre otras cosas) cocina, tenéis una lista detallada de qué verduras usar con alegría, cuáles con moderación y de cuáles pasar si no queréis que amargue.

Lleva además:

  • 2 cucharaditas de sal (o menos, o más, o nada, a tu gusto).
  • 2 hojas de laurel seco.
  • 1 chorrito de AOVE (aceite de oliva virgen extra).
  • pimienta negra molida (si te va, si no, no se la eches y ya).
  • cualquier otra especia que te guste.

Preparación. 

Para hacer esta receta necesitarás una bolsa (o dos si son pequeñas) de esas para congelar que tienen cierre de zig-zag. Las venden en cualquier supermercado.

También tendrás que lavar muy bien las verduras para que el caldo no lleve tierra, caracoles (o ya no sería vegano), ni otras cosas del campo. Por descontado, tampoco se trata de aprovechar tooooodo en plan posguerra. Si los pies de los champis tienen mucha tierra, corta la parte donde la tengan y quédate con el resto. Personalmente no guardo las raíces de las hortalizas, pero pa’gustos, colores.

img_20170302_163127_388

‘Vegan for the voiceless’, no puede ser más chula mi taza ❤

Y ahora al lío. De lo que se trata es de ir guardando en una bolsa para congelar todos esos restos e ir acumulando. ¿Que pelas patatas? Las lavas bien antes y las pieles las guardas en la bolsa. ¿Que usas una cebolla? La capa que descartas porque está un poco fea o dura, y las bases, a la bolsa. Y así con todo. Cada vez que vayas a guardar algo nuevo, la sacas del congelador, metes lo que sea, la cierras muy bien (intentando dejar la menor cantidad de aire posible), y de nuevo al congelador.

Cuando tengas la bolsa (o bolsas) llena, pones una olla grande con 1.5 ó 2 litros de agua, vacías las bolsas en ella, le añades la sal, la pimienta, el laurel, el AOVE y lo dejas cocer a fuego lento, sin tapa, durante un par de horitas o más. Cuanto más tiempo cueza y más verduras tenga, más concentrado estará el caldo, obviamente.

Cuando esté a tu gusto, cuelas el caldo con un colador fino al que puedes ponerle una tela quesera si quieres un caldo súper fino, y al final aprietas muy bien las verduras (como si estuvieras haciendo leche vegetal) para extraer toda la sustancia que puedas. Si has usado la tela quesera, es muy fácil de exprimir. Te quedará una bola de verduras del mismo color que cuando mezclabas plastilinas de todos los colores (lo que viene siendo color caca). Bueno, pues ésa la tiras, que ya le has sacado bastante.

El caldo resultante puedes guardarlo en el frigo y usarlo en unos días, o congelarlo en forma de cubitos (si has conseguido hacerlo muy concentrado) e ir usándolo en distintas recetas. O puedes, como yo, servírtelo en una taza bien chula y tomártelo calentito, que te lo has ganao, hormiguita 🙂

 

ensalada César

Esta ensalada, receta original de Isa Chandra Moskowitz, está ES-PEC-TA-CU-LAR. De las más ricas que he probado. Además es un plato muy completo, con proteína de calidad, grasas saludables, fibra, vitaminas, minerales… Canela fina, vamos.

ensalada-cesar-1

*ensalada César vegana, versión mesorvidó echar quinua*

¿Contras? Lleva muchos pasos previos. Por ejemplo, deberías tener la quinua cocida, preferiblemente, desde el día anterior. Y echarla fría, claro.

También tienes que tener en cuenta que la salsa César lleva un ratito hacerla, porque debes haber hidratado los anacardos previamente (3 horas mínimo) y asado la cabeza de ajos (otra media hora mínimo). Más abajo os cuento cómo hacerlo.

Por último, debes haber macerado el tempeh (o el tofu, que es lo que viene en la receta original) durante 1 hora y haberlo salteado y templado al menos antes de añadirlo.

Pero con to y con eso, merece MUCHO la pena hacerla. Sobre todo si queréis impresionar a algún amigx muggle de esos que tantas bromitas gastan sobre el tofu y la lechuga y jiji y jaja. Y si os dice “pero eso no lleva pollo“, podéis contestarle que, efectivamente, no lo lleva. Como no lo lleva la receta original (sorpresa). Como no lleva nata la carbonara. Como la bolognesa no se hace en 30 minutos. Y así hasta el infinito.

De entrada voy a explicar los pasos previos, incluyendo la cocción de la quinua.

1. Cocción de la quinua (hacer preferiblemente el día anterior).

Para esta ensalada yo suelo medir una taza de quinua seca, que viene a ser entre 2 y 3 de quinua cocida.

Cuando decidí pasarme al veganismo – ¿os creíais que os habías librado de la historieta esta vez? MUAJAJA, pos no :)- empecé a preparar platos con quinua como si no hubiera mañana, porque había leído que era un alimento maravilloso y una proteína completa y qué os voy a contar. Quería TANTO que me gustara, que la mezclaba con todo lo que sí, para ver si así… error. Aquello estaba entre insípido y amargo. Daba igual lo que le echara. Daba igual que la cociera en caldo de verduras. Daba igual todo.

Yo la hacía como venía en las instrucciones: la ponía en el chino, la enjuagaba bien y a cocer. Entonces una amiga, cuya madre es peruana, me dijo que ella la lavaba mucho. No sólo la enjuagaba. Así que empecé a lavarla mejor. Ahora lo que hago es dejarla en un bol grande con agua, moverla bien con las manos, tirar el agua (que sale como después de haber fregao) y vuelta a empezar. No la cuelo en esta fase, sólo pongo la mano para que no se caiga y tengo cuidaíto. Esto lo repito las veces que haga falta, porque cuando me meto en la cocina dejo las prisas en la puerta, hasta que el agua empieza a ponerse menos turbia. Sólo entonces la enjuago una última vez, la escurro y ya la cuezo como cocería el arroz, con su caldo de verduras y tal. A ver, no es que así sea súper sabrosa, porque la quinua es lo que es, pero al menos no amarga y se deja comer.

Cuando la hago, por ejemplo, con verduras, preparo la verdura mientras la voy lavando (entre cortar una y otra, me acerco y le cambio el agua) y cuando la verdura ya está en la sartén y está más o menos hecha, la añado ya colada como si fuera arroz, rehogándola un par de minutos antes de echarle el agua.

2. Preparar el tempeh.

Maceración (mínimo 1 hora).

ensalada-cesar-detalle

*detalle de dados de tempeh ya hechos. Pinchad en la imagen para verla mejor*

Para empezar, corta el tempeh en dados (o en tiras, o en forma de corazón, yo ahí no entro).

Ahora, en un bol que tenga cierta profundidad y una superficie grandecita, para que no se amontonen los dados, colócalos uno junto a otro. Si hay suficiente sitio para que no estén pegados, mejor.

Añade: 1/2 taza de agua, 1/4 de taza de soja (ó 1 cucharada si vas a dejarlo macerar todo el día), 2 cucharadas de humo líquido, 2 cucharadas de vinagre de vino y hierbas aromáticas (yo suelo usar orégano y tomillo).

Mueve un poco para que se reparta y deja reposar mínimo 1 hora. A más tiempo, más sabor va a coger.

Saltear:

Para saltear el tempeh, simplemente calentamos una sartén con un chorrito de AOVE, vamos sacando los trozos de tempeh con las manos limpitas y echándolos a la sartén. Ten cuidado que al llevar agua puede saltar. No tires aún el líquido en el que lo has macerado, y de vez en cuando salpica los dados con él. Se va a evaporar, así que no pasa nada.

Cuando esté doradito, saca y reserva. Cuando lo añadamos a la ensalada debería estar por lo menos templado.

3. Salsa César:

salsa-cesar

*salsa César que querrás beberte del bote*

Ingredientes (para medio litro de salsa):

  • 1/2 taza de anacardos crudos que hidrataremos dejándolos en remojo mínimo 3 horas antes.
  • 1 cabeza de ajos asada (que ahora diré cómo se asa, por si alguien no lo supiera).
  • 2 dientes de ajo crudos.
  • 1/4 taza de alcaparras en salmuera con un poco de ídem.
  • 3 cucharadas de levadura nutricional.
  • 2 cucharadas de AOVE.
  • 3/4 taza de agua.
  • 1/4 taza de zumo de limón.
  • sal.
  • pimienta.

Preparación:

Deja los anacardos crudos en agua durante 3 horas. Si los echamos crudos la salsa quedará granulosa y no mola. También puedes dejarlos en remojo la noche antes y quitarte de líos.

Para asar la cabeza de ajo, empieza por precalentar el horno a 180º. Ahora, sin desgajarlo, corta la parte de arriba del ajo, lo justo para que coja el aceite y la sal que le vamos a echar. Si hay dientes que están a distintas alturas, asegúrate de que les cortas la puntita a todos. Sienta el ajo sobre su base en el centro de un trozo de papel de aluminio lo suficientemente grande como para envolverlo (como si estuviera en un saquito). Échale un chorro de AOVE por encima a cada diente y un poco de sal en general. Ahora cierra el saquito de aluminio y al horno, mínimo 20 min (dependiendo de lo grande que sea el ajo). Estará cuando lo pinches y esté súper blandito. Cuando se enfríe un poco, pélalo (los dientes, en principio, saldrán solos a poco que tires de ellos con un tenedor). Asándolos pierden el sabor a ajo y se quedan cremosos. Yo suelo asar dos cabezas, una la uso para la salsa y la otra la unto en pan o me la como directamente porque están buenísimos.

Escurre los anacardos y mete todo, incluidos los dientes de ajo asados y pelados, en el vaso de la batidora o en tu procesador de alimentos. Procesa todo hasta que tenga la textura de una salsa para ensaladas. Sale como medio litro y se conserva bien en la nevera 5 días, aunque dudo que te dure tanto.

4. Y por fin, la ensalada propiamente dicha.

rucola-eco-gigante

*rúcola ecológica gigante comprada en Red Verde*

Ingredientes (para la ensalada, para 4 personas):

  • 2 tazas de quinua cocida y enfriada (Isa recomienda 3 tazas para 4 personas, pero a mí me parece demasiado; cada cual que se eche la que considere).
  • 2 aguacates maduros.
  • Hojas verdes* (brotes de espinacas, rúcola o la que más coraje te dé; yo suelo usar rúcola).
  • 1/4 taza de alcaparras en salmuera (previamente escurridas). Si no te gustan, puedes pasar de ellas. La receta original ni siquiera lleva.
  • 170 gr. de tempeh previamente marinado (en la original lo hace con tofu).
  • Salsa César.

Preparación.

Explicar cómo se prepara una ensalada es muy para dummies, pero bueno…

Yo no la sirvo en una ensaladera. Suelo preparar los 4 platos donde la vaya a servir y voy echando en cada uno las mismas cantidades de todo y luego que cada cual se la mezcle.

Pongo, en este orden, una base de rúcola, quinoa, dados de aguacate, alcaparras, dados de tempeh, y un chorrito de salsa por encima. Llevo aparte el bote con la salsa para que quien quiera más, se eche.

Luego me la como despacito, mirando las caras de quienes tengo delante, sobre todo si no la han probado nunca.

(*) AVISO IMPORTANTE: no se os ocurra hacerla, pordiosbendito, con lechuga Iceberg. Y si la hacéis, bajo vuestra responsabilidad. Pero a mí no que me etiquetéis luego en feis (“mira, he hecho tu ensalada” // “NO, PERDONA, LA MÍA NO”), ni vengáis a quejaros de que no estaba tannn buena, ni na.