croquetas de calabaza y nueces

No pensaba subir esta receta tan pronto, cuando no me ha dado tiempo ni de acabarme el último bizcocho que hice para la anterior, peeeero….

Existe un grupo en feis, llamado Gordivegans sin fronteras, cuya dinámica consiste en subir fotos de lo que vamos a comer para que al resto le entre mucha hambre y vuelen las proposiciones de matrimonio. No me lo estoy inventando, palabrita. Existe y, como podéis imaginar, es el mejor grupo virtual del mundo.

croquetillas

croquetas veganas de calabaza y nueces, 100% libre de explotación animal

El caso es que hoy me puse a hacer croquetas. De calabaza y nueces. 50 salieron, como 50 soles. Y se me ocurrió subir fotos del plataco en cuestión, de las que no me había comido mientras las iba friendo, al grupo. Y, sí, hubo propuestas de matrimonio – siempre las hay- y hasta de adopción (¿verdad, Aurora? 🙂 ), pero sobre todo hubo muchxs gordis que me pidieron que subiera la receta.

La receta base para mis croquetas la saqué de aquí y creo que, proporciones aparte, el consejo de echar la leche poquito a poco es lo que le da calidad a la masa, que diría Sanchidrián. La he modificado un poco, aunque las de champiñones de En clave veggie también las he hecho (con leche de soja y de avena, de almendras aún no he probado) y quedan espectaculares, sobre todo si en vez de champis normales las hacéis con boletus o con portobello. Y ya si le añades unos piñones, te corr… estooo, eso, que quedan muy ricas 🙂

Ingredientes para la masa (salen unas 35 croquetas pequeñas)

  • 1 cebolla grandecita picada muy pequeñita.
  • 1 puerro grandecito también, picado igual.
  • 300 gr. de calabaza asada y luego cortada muy chiquitita.
  • 60 gr. de nueces picadas (no hechas harina).
  • 4 cucharadas colmadas de harina de trigo normal y corriente.
  • 300 ml. de leche de soja sin edulcorar (la mía es casera porque tengo la Chufamix).
  • AOVE (para sofreír la cebolla, el puerro y la calabaza)
  • sal, pimienta recién molida y nuez moscada recién molida también.
  • Aceite de girasol (para freírlas).

Ingredientes para el rebozado: 

  • no huevo:
    • 250 ml. de agua.
    • 1 cucharada sopera colmada de harina Yolanda.
    • 1/2 cucharadita de sal negra (para darle el sabor a huevo).
    • Una pizca de cúrcuma (para darle el color del huevo).
    • Una pizca de sal normal.
  • pan rallado.

Preparación: 

Yo las hago con calabaza asada, pero si la echas cruda a la sartén y dejas que se haga junto con la cebolla y el puerro, seguro que también queda bien. Si la haces con calabaza asada, lo primero es poner el horno a unos 180º, cortar varias rodajas de calabaza (que pesen más de 300 gr., que luego hay que quitarles la cáscara), y ponerlas a asar durante un buen rato con un poquito de sal por encima. El tiempo que tarden en asarse dependerá de la calabaza, del horno y del grosor de las rodajas que cortes, así que haz esto cuanto antes.

Mientras se hace la calabaza, ve picando la cebolla y el puerro lo más diminuto que puedas. Puedes intentar hacerlo en una picadora, pero igual te queda como una pasta y no es la idea. Cuando esté todo picado, sofríe a fuego bajo con AOVE hasta que esté blandito.

Cuando esté la calabaza, sácala del horno, quítale la corteza y córtala muy pequeñita. Añádela al sofrito y haz que se mezcle todo bien. A continuación añade las nueces en trozos lo más pequeños que puedas sin llegar a ser harina (puedes usar la picadora con cuidado de no pasarte).

masa-croquetas

masa de croquetas preparada para la metamorfosis 🙂

Ya puedes echar la harina de trigo. Mi consejo es que la eches espolvoreándola sobre la verdura y moviendo todo con la mano que te queda libre. La harina debe tostarse antes de agregar la leche, así que mueve muy bien para que se integre todo. Quedará una especie de masa grumosa que cuesta mover. No te agobies. Más tarde, con la leche, se irán disolviendo los grumos.

Cuando la harina esté bien tostada (o sea, cuando no sientas el brazo y no se vea nada blanco), puedes ir añadiendo la leche que tienes reservada. Es importante no echarla toda de golpe, sino a poquitos. Yo voy vertiendo y moviendo hasta que está toda y serán como 5 ó 6 “poquitos”. Verás que la masa irá tomando consistencia de masa de croquetas. Cuando hayas mezclado todo muy bien, agrega la sal, la pimienta y la nuez moscada, y ve moviendo y probando para ver cómo te gusta.

Una vez que la masa esté a tu gusto, viértela en un recipiente lo más plano posible para que se enfríe. Yo uso una fuente de cristal que forro con papel transparente. Deja, eso sí, que lo haga a temperatura ambiente antes de taparla con papel transparente y pasarla al frigo. Ahora tendrá que reposar unas horas, aunque yo suelo dejarla de un día para otro, antes de montar las croquetillas.

empanando

no huevo y pan rallado

Cuando vayas a hacer las croquetas, prepara un bol con el no huevo (mezclando todos los ingredientes que he puesto arriba) y otro con el pan rallado, saca la fuente del frigo y ve haciendo las croquetas. Yo suelo cortar tiras de masa y luego cada tira la corto de modo que me quedan cubitos (1 cubito= 1 futura croqueta). Después sólo tienes que darle forma de croqueta a cada cubito.

Una vez que tengas todas tus croquetas preparadas, ya puedes pasarlas por la mezcla de no huevo y a continuación por el pan rallado. Lo que yo suelo hacer es ir poniendo todas las croquetas sin rebozar en una bandeja sobre papel vegetal, luego las paso por no-huevo, escurriéndolas con dos cucharas grandes, y por pan rallado, terminando de darles forma. Antes de freírlas suelo meterlas un rato al frigo, tapadas por papel vegetal o papel transparente.

Como no tengo freídora, las frío en sartén, con aceite de girasol muy caliente. Al no estar congeladas, quedan crujientes y doradas por fuera y calentitas y cremosas por dentro. Si las vas a congelar, intenta guardarlas dejando un poco de espacio entre una y otra para que no se peguen, y cuando las vayas a freír, déjalas fuera una media hora antes (quizá menos si es verano y un poco más si es invierno).

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croquetas de calabaza y nueces; podéis dejar vuestras propuestas de matrimonio en los comentarios 🙂

Y ya está, gordivegans, eso es todo. Espero que os gusten 🙂

 

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helado de chocolate

Si hay algo que no soporto en esta vida son las despedidas a la francesa. Eso de hoy te quiero y mañana no te vuelvo a hablar nunca he terminado de entenderlo.

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*helado de pistacho y avellana 100% crueldad animal + sorbete*

Quizá por eso, cuando decidí hacerme vegana aproveché un viaje a Bolonia (Italia, no Cádiz), para despedirme no sólo del queso, también de los helados. Después de todo, los helados habían formado parte de mi vida desde siempre, acompañándome en los buenos ratos y en los malos también, en forma de cucuruchos o de tarrinas de medio litro. No estamos hablando del típico rollito de verano, no. Yo comía helado en cualquier estación. Lo nuestro era serio.

A la derecha os dejo la foto de mi último helado no vegano, hecho a partir de una violación (inseminación artificial -no consentida-, lo llaman ellxs), leche robada y algún que otro bebé al que apartaron de su madre y, si era macho, mandaron al matadero. Mmmm, suena delicioso, ¿verdad? 🙂

Cuando me lo comí no lo tenía tan interiorizado como ahora, obviamente, o no lo habría disfrutado como lo hice. Qué cosas. En mi defensa (no ante vosotrxs, ante mí misma), después de aquél no hubo más. Hubo sorbetes, sí. Y granizadas a tutiplén. Pero aquello de pararme ante un mostrador y elegir mis favoritos entre más de 40 sabores, eso se acabó, como en la coplilla de María Jiménez.

Hasta este sábado.

Este sábado fui a un taller de cocina vegana, del que no salí muy entusiasmada, todo hay que decirlo. Y probé este helado. Y flipé. Como había 20 personas más, me contuve y comí como las personas (como las educadas, no como yo). Un par de cucharaditas y ya. Luego, claro, llegué a casa y me faltó tiempo para pesar 170 gramos de anacardos crudos, dejarlos en remojo 8 horas, escurrirlos, meterlos en la Thermomix junto al resto de ingredientes y ver como se transformaba en algo cremoso y delicioso que daba hasta pena congelar. Pero como desde que soy vegana mi voluntad no es lo que era -una cosa blandurria que perdía todos los pulsos-, aguanté como una campeona a que se enfriara lo suficiente (no las 5 horas que dice la receta, pero sí 2) como para servirme un cuenquito y comérmelo a caraperro.

helado

*helado de chocolate vegano, 100% cruelty free*

¿Ventajas de este increíble helado de chocolate? La más importante, que está 100% libre de crueldad animal. Que además esté pa’morirse, que sea cremoso (porque, al no llevar casi agua, no cristaliza) y que puedas hacerlo en 5 minutos (sin contar las horas de remojo de los anacardos, ni las posteriores horas de congelador), también se lo tendremos en cuenta, digo yo.

En su contra está el detallito de que está hecho a base de anacardos y leche de coco (buena, ojo), lo que lo encarece una mijita. Porque a día de hoy explotar a una vaca y llevar a su cría al matadero sale más barato que hacer helados de frutos secos. Triste pero cierto.

Que no sea precisamente de régimen no voy a entrar a valorarlo. Cada cual que vea si le compensa o no darse un capricho. Yo, ya os lo digo, me lo he dado. Dos veces desde ayer.

Si lo vais a hacer, os aviso que cuando lo dejas en el congelador más de 3 horas se pone duro como el corazón de un taurino (como le pasa a la mayoría de los helados en los congeladores caseros, vamos), por lo que conviene dejarlo fuera unos 10 minutillos antes de servir. Si se lo ofrecéis a amigxs muggles sin decirles que es vegano, os aseguro que no van a notar la diferencia.

Ingredientes:

  • 170 gr. de anacardos crudos, previamente hidratados (entre 3 y 8 horas). En la receta original se echan tal cual. Yo los hidraté para que la textura quedara más cremosa y creo que queda mejor.
  • 200 ml. de leche de coco buena, esto es, que tenga un alto contenido en coco y no sea agua sucia. La que yo uso es ésta (80% coco).
  • 50 gr. de aceite de coco. Si lo usas virgen, le dará un toque a coco. Si no quieres ese toque, échalo de coco refinado.
  • 130 gr. de sirope de agave. Puedes echarle menos, si te gusta menos dulce, o sustituir el agave por otro endulzante de tu elección, como dátiles (no le echéis azúcar refinada, que es mierda pura); lo que no te sé decir es la equivalencia.
  • 1/4 cucharadita de extracto de vainilla. Yo uso una de repostería que viene en forma de pasta concentrada con Bourbon.
  • 3 cucharadas soperas colmadas de cacao puro (sin leche, sin azúcar) en polvo.

Preparación:

Cero dificultad. Escurres los anacardos y los echas, junto al resto de ingredientes, en el vaso de la Thermomix o de tu procesadora de alimentos. Si no tienes, habiendo hidratado los anacardos puedes hacerlo también con una batidora potente. Trituras hasta que tengas una crema, la viertes en un tuper o en moldes individuales, y al congelador.

La receta original dice “mínimo 5 horas de congelador“. Ni caso. A las 2 ya podéis meter la cuchara…. por lo menos pa’ver cómo va. Es una tarea dura, pero alguien tiene que hacerla.

 

ensalada César

Esta ensalada, receta original de Isa Chandra Moskowitz, está ES-PEC-TA-CU-LAR. De las más ricas que he probado. Además es un plato muy completo, con proteína de calidad, grasas saludables, fibra, vitaminas, minerales… Canela fina, vamos.

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*ensalada César vegana, versión mesorvidó echar quinua*

¿Contras? Lleva muchos pasos previos. Por ejemplo, deberías tener la quinua cocida, preferiblemente, desde el día anterior. Y echarla fría, claro.

También tienes que tener en cuenta que la salsa César lleva un ratito hacerla, porque debes haber hidratado los anacardos previamente (3 horas mínimo) y asado la cabeza de ajos (otra media hora mínimo). Más abajo os cuento cómo hacerlo.

Por último, debes haber macerado el tempeh (o el tofu, que es lo que viene en la receta original) durante 1 hora y haberlo salteado y templado al menos antes de añadirlo.

Pero con to y con eso, merece MUCHO la pena hacerla. Sobre todo si queréis impresionar a algún amigx muggle de esos que tantas bromitas gastan sobre el tofu y la lechuga y jiji y jaja. Y si os dice “pero eso no lleva pollo“, podéis contestarle que, efectivamente, no lo lleva. Como no lo lleva la receta original (sorpresa). Como no lleva nata la carbonara. Como la bolognesa no se hace en 30 minutos. Y así hasta el infinito.

De entrada voy a explicar los pasos previos, incluyendo la cocción de la quinua.

1. Cocción de la quinua (hacer preferiblemente el día anterior).

Para esta ensalada yo suelo medir una taza de quinua seca, que viene a ser entre 2 y 3 de quinua cocida.

Cuando decidí pasarme al veganismo – ¿os creíais que os habías librado de la historieta esta vez? MUAJAJA, pos no :)- empecé a preparar platos con quinua como si no hubiera mañana, porque había leído que era un alimento maravilloso y una proteína completa y qué os voy a contar. Quería TANTO que me gustara, que la mezclaba con todo lo que sí, para ver si así… error. Aquello estaba entre insípido y amargo. Daba igual lo que le echara. Daba igual que la cociera en caldo de verduras. Daba igual todo.

Yo la hacía como venía en las instrucciones: la ponía en el chino, la enjuagaba bien y a cocer. Entonces una amiga, cuya madre es peruana, me dijo que ella la lavaba mucho. No sólo la enjuagaba. Así que empecé a lavarla mejor. Ahora lo que hago es dejarla en un bol grande con agua, moverla bien con las manos, tirar el agua (que sale como después de haber fregao) y vuelta a empezar. No la cuelo en esta fase, sólo pongo la mano para que no se caiga y tengo cuidaíto. Esto lo repito las veces que haga falta, porque cuando me meto en la cocina dejo las prisas en la puerta, hasta que el agua empieza a ponerse menos turbia. Sólo entonces la enjuago una última vez, la escurro y ya la cuezo como cocería el arroz, con su caldo de verduras y tal. A ver, no es que así sea súper sabrosa, porque la quinua es lo que es, pero al menos no amarga y se deja comer.

Cuando la hago, por ejemplo, con verduras, preparo la verdura mientras la voy lavando (entre cortar una y otra, me acerco y le cambio el agua) y cuando la verdura ya está en la sartén y está más o menos hecha, la añado ya colada como si fuera arroz, rehogándola un par de minutos antes de echarle el agua.

2. Preparar el tempeh.

Maceración (mínimo 1 hora).

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*detalle de dados de tempeh ya hechos. Pinchad en la imagen para verla mejor*

Para empezar, corta el tempeh en dados (o en tiras, o en forma de corazón, yo ahí no entro).

Ahora, en un bol que tenga cierta profundidad y una superficie grandecita, para que no se amontonen los dados, colócalos uno junto a otro. Si hay suficiente sitio para que no estén pegados, mejor.

Añade: 1/2 taza de agua, 1/4 de taza de soja (ó 1 cucharada si vas a dejarlo macerar todo el día), 2 cucharadas de humo líquido, 2 cucharadas de vinagre de vino y hierbas aromáticas (yo suelo usar orégano y tomillo).

Mueve un poco para que se reparta y deja reposar mínimo 1 hora. A más tiempo, más sabor va a coger.

Saltear:

Para saltear el tempeh, simplemente calentamos una sartén con un chorrito de AOVE, vamos sacando los trozos de tempeh con las manos limpitas y echándolos a la sartén. Ten cuidado que al llevar agua puede saltar. No tires aún el líquido en el que lo has macerado, y de vez en cuando salpica los dados con él. Se va a evaporar, así que no pasa nada.

Cuando esté doradito, saca y reserva. Cuando lo añadamos a la ensalada debería estar por lo menos templado.

3. Salsa César:

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*salsa César que querrás beberte del bote*

Ingredientes (para medio litro de salsa):

  • 1/2 taza de anacardos crudos que hidrataremos dejándolos en remojo mínimo 3 horas antes.
  • 1 cabeza de ajos asada (que ahora diré cómo se asa, por si alguien no lo supiera).
  • 2 dientes de ajo crudos.
  • 1/4 taza de alcaparras en salmuera con un poco de ídem.
  • 3 cucharadas de levadura nutricional.
  • 2 cucharadas de AOVE.
  • 3/4 taza de agua.
  • 1/4 taza de zumo de limón.
  • sal.
  • pimienta.

Preparación:

Deja los anacardos crudos en agua durante 3 horas. Si los echamos crudos la salsa quedará granulosa y no mola. También puedes dejarlos en remojo la noche antes y quitarte de líos.

Para asar la cabeza de ajo, empieza por precalentar el horno a 180º. Ahora, sin desgajarlo, corta la parte de arriba del ajo, lo justo para que coja el aceite y la sal que le vamos a echar. Si hay dientes que están a distintas alturas, asegúrate de que les cortas la puntita a todos. Sienta el ajo sobre su base en el centro de un trozo de papel de aluminio lo suficientemente grande como para envolverlo (como si estuviera en un saquito). Échale un chorro de AOVE por encima a cada diente y un poco de sal en general. Ahora cierra el saquito de aluminio y al horno, mínimo 20 min (dependiendo de lo grande que sea el ajo). Estará cuando lo pinches y esté súper blandito. Cuando se enfríe un poco, pélalo (los dientes, en principio, saldrán solos a poco que tires de ellos con un tenedor). Asándolos pierden el sabor a ajo y se quedan cremosos. Yo suelo asar dos cabezas, una la uso para la salsa y la otra la unto en pan o me la como directamente porque están buenísimos.

Escurre los anacardos y mete todo, incluidos los dientes de ajo asados y pelados, en el vaso de la batidora o en tu procesador de alimentos. Procesa todo hasta que tenga la textura de una salsa para ensaladas. Sale como medio litro y se conserva bien en la nevera 5 días, aunque dudo que te dure tanto.

4. Y por fin, la ensalada propiamente dicha.

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*rúcola ecológica gigante comprada en Red Verde*

Ingredientes (para la ensalada, para 4 personas):

  • 2 tazas de quinua cocida y enfriada (Isa recomienda 3 tazas para 4 personas, pero a mí me parece demasiado; cada cual que se eche la que considere).
  • 2 aguacates maduros.
  • Hojas verdes* (brotes de espinacas, rúcola o la que más coraje te dé; yo suelo usar rúcola).
  • 1/4 taza de alcaparras en salmuera (previamente escurridas). Si no te gustan, puedes pasar de ellas. La receta original ni siquiera lleva.
  • 170 gr. de tempeh previamente marinado (en la original lo hace con tofu).
  • Salsa César.

Preparación.

Explicar cómo se prepara una ensalada es muy para dummies, pero bueno…

Yo no la sirvo en una ensaladera. Suelo preparar los 4 platos donde la vaya a servir y voy echando en cada uno las mismas cantidades de todo y luego que cada cual se la mezcle.

Pongo, en este orden, una base de rúcola, quinoa, dados de aguacate, alcaparras, dados de tempeh, y un chorrito de salsa por encima. Llevo aparte el bote con la salsa para que quien quiera más, se eche.

Luego me la como despacito, mirando las caras de quienes tengo delante, sobre todo si no la han probado nunca.

(*) AVISO IMPORTANTE: no se os ocurra hacerla, pordiosbendito, con lechuga Iceberg. Y si la hacéis, bajo vuestra responsabilidad. Pero a mí no que me etiquetéis luego en feis (“mira, he hecho tu ensalada” // “NO, PERDONA, LA MÍA NO”), ni vengáis a quejaros de que no estaba tannn buena, ni na.

camembert (by Miyoko Schinner)

Como ya sabréis, si habéis leído algo de lo que he publicado anteriormente, en mi transición del vegetarianismo (que venía practicando sin esfuerzo desde que nací) al veganismo, lo único que de verdad de la buena me costó dejar fue el queso. Ni helados, ni Mars, ni esas gominolas hechas de gelatina que me comía a puñaos cuando iba al cine (y voy MUCHO al cine). El queso y ya.

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Camembert de Dimensión Vegana

A día de hoy, sin embargo, si veo queso de verdad en una mesa compartida con muggles, lo miro como se mira a alguien de quien estuviste completamente colgadx y, pasado el tiempo, te has dado cuenta de que era un/a mierder. Y piensas “en serio, ¿qué coño veía yo en esx tíx?“.

Pero no nos engañemos. Que no eche de menos el queso en sí, no quita para que haya investigado opciones más o menos éticas (más o menos, digo, porque en muchos se usa el aceite de coco) con las que sustituirlo en salsas, toppings, o platos principales.

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Mozzarella de Dimensión Vegana. ¡FUNDE, lo juro!

Hasta hace un mes apenas me había atrevido con cremas tipo queso y con el parmegano (que es con lo que espolvoreo los platos de pasta y la verdura al horno y de lo que subiré receta en una entrada sobre quesos que se hacen en menos de lo que estoy tardando en escribir esta frase tan larga). Y mientras, seguía comprando todos los quesos envasados que encontraba y que me decepcionaban invariablemente. Entonces entré en la página de Dimensión Vegana – que por cierto, tienen un taller de quesos veganos online GRATIS y un pdf la mar de interesante sobre ingredientes básicos que podéis bajaros pinchando aquí-, y vi esta receta de mozzarella. Y la hice. Y fue como una epifanía. ¡Podía hacer mi propio queso¡ Y ya que me metía, hice esta otra de camembert, que quedó bastante aparente y que, en cuanto a textura para poner en pan me gusta más que el de Miyoko que os traigo hoy.

camembert-dv-con-alcaparras

Camembert de DV con alcaparras

En cuanto al libro de Miyoko, no os voy a engañar… bonito, lo que se dice bonito, no es. Tiene, inexplicablemente,  las letras impresas en un tono marrón aguado y apenas trae fotos. Por suerte, lxs veganxs estamos por encima de todo eso, ya que si nos quedamos en las apariencias jamás comeríamos cosas como el seitán. Por lo demás el libro está genial. Recetas claras y bien estructurado, con capítulos según el tipo de queso (quesos curados, secados al aire, que funden, etc.) y uno final de recetas donde le da uso a sus quesos, incluyendo postres. Mi recomendación es que os lo compréis. O que se lo pidáis a Santa en un par de meses, si os lo habéis merecido. Eso sí, está enterito en inglés, por lo que cada vez que haga una receta suya que me guste, la traduciré y la iré dejando por aquí, por si me lee alguien que sea más de francés 🙂

De entrada voy a dejaros la del camembert, pero antes os recomiendo que leáis estas notas donde he tratado de resumir algunas cosillas importantes a tener en cuenta.

Os anticipo, eso sí, que a camembert no sabe. El de Dimensión Vegana se parece bastante más, sobre todo si vas a untarlo; aun así, éste bueno está tela. Y empanado, ni os cuento.

Quiero ver si mezclo recetas y me quedo con lo mejor de cada. Ya os contaré si lo consigo.

Cosas importantes a la hora de elaborar este queso. 

  • El rejuvelac, que de entrada es algo así muy raruno y que puede sonar a elixir de eterna juventud, no es más que el agua enzimática resultante de dejar en remojo durante 24 horas semillas previamente germinadas. Tiene aspecto de agua sucia, huele regu y sabe peor, pero para hacer ciertos quesos es fundamental. Podéis comprarlo hecho (si lo encontráis), pero es tan fácil y económico de hacer que no creo que merezca la pena. Las ventajas de hacerlo tú mismx es que puedes congelar el que te sobre y tenerlo para otro queso que quieras hacer. Para hacer rejuvelac necesitarás un tarro germinador (yo tengo éste), semillas de cereal integral (yo usé kamut), un paño y un poquito de paciencia. Como el rejuvelac es un paso previo al queso, contad con el tiempo que tarda en estar listo antes de poner los anacardos en remojo. El tutorial para hacer rejuvelac podéis verlo si pincháis aquí.
  •  Respecto a la sal, asegúrate de que la sal que usas para hacer los quesos secados al aire y para la capa externa sea no yodada. La sal yodada puede inhibir o restarle fuerza al ácido láctico en el proceso de fermentación del queso, haciendo que enmohezca (creo que es la primera vez que escribo esta palabra en mi vida) y que la fermentación fracase.
  • Tanto el carragenato como el agar son espesantes y si bien pueden usarse indistintamente (teniendo en cuenta que 1 cucharada de carragenato equivale a 2 cucharadas de agar), la ventaja del primero sobre el segundo es que es “reversible”, esto es, cuando se enfría la masa, se endurece y cuando se calienta, si ponemos el queso sobre una pizza, por ejemplo, funde (en función de la base del queso, claro). Conviene optar por el carragenato especialmente cuando hacemos quesos que funden, como la mozzarella. A día de hoy, a diferencia del agar, el carragenato no lo venden en los supermercados, así que salvo que vivas en ciudades como Madrid o Barcelona, vas a tener que comprarlo por internet. Yo lo compro, como compro todas las cosas raras, en el Cocinista.
  • Aroma concentrado de queso. Esto….. vale, igual he querido ir de guay y resulta que sí que echo un poco de menos el queso. Anyway, esto no está en la receta original y es perfectamente prescindible, pero si añadís unas gotas de este extracto a vuestra masa, olerá a queso. A ninguno en particular, simplemente a queso. Yo lo compré, junto al carragenato, aquí.

Ingredientes. 

  • 1 Taza rasa de yogur de soja sin edulcorar.
  • 1 Taza de anacardos crudos, hidratados en agua durante 3 a 8 horas.
  • 1/2 Taza de rejuvelac (preferiblemente casero).
  • 1/4 Taza de aceite de canola. Yo no tenía y usé aceite de girasol refinado (se trata de buscar el sabor más neutro posible)
  • 2 Cucharadas de levadura nutricional.
  • 1 + 1/2 cucharaditas de sal no yodada.
  • 3 Cucharadas de almidón de tapioca.
  • 1 Cucharada de carragenato Kappa en polvo ó 2 cucharadas de agar en polvo. Yo usé carragenato.
  • Unas gotas de aroma concentrado de queso.

Preparación.

  1. Partimos de que ya tienes hecho el rejuvelac y que dejaste los anacardos metidos en agua la noche anterior. Pon en el vaso de la procesadora de alimentos o de la batidora los anacardos (escurridos), el yogur, la levadura nutricional, el rejuvelac, el aceite y una cucharadita de sal no yodada (la otra media la utilizaremos al final de la receta). Procésalo hasta que esté todo integrado y tenga una consistencia cremosa y suave.
  2. Fermenta el queso: transfiere el resultado de la procesadora a un bol de cristal, cúbrelo (yo lo hice con un trapo de cocina limpio) y deja reposar a temperatura ambiente de 24 a 36 horas. Cuanto más lo dejes, más sabor va a tener porque el rejuvelac va a tener más tiempo para fermentar la crema.
  3. camembert-miyoko-sudando

    Paso 5. Camembert de Miyoko sudando después de la exfoliación

    Espesa el queso: pon la crema en una sartén, a fuego medio, y añade el almidón y el carragenato (o el agar, si es lo que vas a usar). Remueve constantemente con una cuchara de madera durante 3 a 5 minutos. Casi al final, añade unas gotas de aroma de queso (si quieres). Burbujeará y se irá poniendo más espesa y brillante, y te irá costando más moverla. Yo, que acabo de meterme en el fregao de hacer quesos, tengo el brazo derecho petao de mover. Y ahora explícale tú a la gente que no, hombre, que es de hacer quesos veganos y tal…

  4. Dale forma: ahora tienes que elegir un bol /tuper al que transferir la masa. Recúbrelo con tela quesera o con papel transparente (es sólo para poder desmoldarlo después). Yo lo hice con tela quesera que compré, adivinad dónde. Ahora vierte la masa en él y deja reposar a temperatura ambiente hasta que esté completamente frío. Luego cúbrelo (con papel film o con la tapa del tuper) y mételo en el frigo durante al menos 4 horas, hasta que esté lo suficientemente firme como para desmoldarlo.
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    Paso 6. Camembert listo. Corte para que veáis la textura.

    Desmoldar y salar: pasado ese tiempo ya puedes sacar el queso del frigo, desmoldarlo usando la tela quesera o el papel film (que ya puedes retirar), y colocarlo sobre una rejilla. Ahora lávate las manos (se supone que todo el tiempo las tienes limpias, pero…) y sécatelas pero no del todo. Échate en las palmas la media cucharadita de sal que no usaste al principio – que aquí no se tira na- y frota bien toda la superficie del queso con la sal, como si lo estuvieras exfoliando, pero con cuidado de no llevarte el queso al hacerlo.

  6. bocaditos-camembert-de-miyoko-empanados

    Bocaditos de Camembert empanados

    Dejar secar: ahora viene la parte más difícil, al menos para mí, que de paciencia voy justica. Se trata de colocar el queso sobre una rejilla (la mía es como ésta) en un sitio fresco y bien ventilado y dejarlo estar de 24 a 48 horas. Sin tocarlo. Sin cortarlo. Sólo mirarlo (y olerlo, si quieres). Como en la coplilla de Police (ains, qué recuerdos…). Pasado ese tiempo es todo tuyo y puedes comértelo a bocaos, cortarlo en dados, empanarlo y freírlo, o lo que más coraje te dé. Yo lo corté en daditos, lo empané pasándolo por agua con harina de garbanzos y pan rallado, lo freí, y quedó tal que así. Porque los veganxs sólo comemos lechuga. Empanada, en este caso.

 

Y na, eso. Cualquier duda, me la dejáis en un comentario. Y si lo hacéis, quiero foto 😉