crema de queso untable tipo brie

“Han llegado los resultados. La vaca no es su madre”

Podría empezar tirándome el pisto y deciros que llevaba tiempo tratando de imitar las cremas tipo Brie que traía mi madre siempre que venía a casa cuando aún era vegeta, pero la verdad es que no era eso lo que pretendía hacer cuando me dio por echarle anacardos a la receta de Conroy. Mi meta era tunearla hasta conseguir un queso con una textura diferente a la que se consigue usando únicamente leche de soja. Y lo cierto es que cuando después de dejarla reposar en el frigo durante más de 8 horas, la consistencia no resultó ser la que esperaba, me hundí en la miseria :(.

Hasta que la probé en pan y pasé a ser la gitana del wasap, to empoderá. Y por un segundo supe cómo debió sentirse Fleming cuando se dio cuenta de que había olvidado aquella placa de petri junto a una ventana abierta y acabó descubriendo la penicilina.

Sí, sé lo que estáis pensado: tampoco te flipes, G., que estamos hablando de queso para untar, no de un antibiótico; tu untable no va a salvarle la vida a nadie.

¡No poco!

“Nuestra leche viene de vacas felices que han sido felizmente violadas y cuyos hijos son felizmente convertidos en carne de ternera.”

Basta con cambiar el foco para darse cuenta de que cada vez que hagamos esta crema EN VEZ de comprar esas otras untables hechas a base de leche de vaca, estaremos dejando de contribuir a la explotación de una vaca y a la muerte de su ternero, que es de lo que trata el veganismo a fin de cuentas.

Por suerte, y sin que sirva como precedente, esta vez me dio por apuntar los ingredientes que había usado antes de que se me olvidaran.

And here you are 😉

Ingredientes.

  • 1 Taza de leche de soja sin edulcorar.
  • 1/2 Taza (colmada*) de anacardos crudos.
  • 1/4 Taza (un poco menos que rasa) de almidón de tapioca.
  • 1 Cucharada de levadura nutricional.
  • 1 Cucharada de pasta de miso blanco.
  • 1 cucharadita (un poco menos que rasa) de Carragenato Kappa.
  • 1 cucharadita de sal fina.
  • 1 cucharadita de AOVE aromatizado a la trufa.
  • 1/2 Taza (colmada) de aceite de coco refinado (desodorizado).
  • 2 cucharaditas de vinagre de manzana.

Preparación. 

pan de centeno artesano con crema tipo brie

Si te acuerdas, deja los anacardos en remojo la noche anterior. Si no, déjalos un par de horas en agua y luego ponlos a cocer durante 15 minutos (a cronometrar desde que el agua entra en ebullición).

Mientras los anacardos se cuecen o antes de ponerte a colarlos (si los habías dejado en agua toda la noche), pon el aceite de coco al baño María para poder medir la media taza que necesitarás. También aprovecha para medir y reservar las 2 cucharaditas de vinagre de manzana.

Cuando estén listos los anacardos, cuélalos y procésalos junto con la leche de soja con un robot potente hasta que tengas una crema uniforme, sin trocitos. Añade a la mezcla de soja y anacados el miso blanco e intégralo bien (yo lo hago aplastándolo contra las paredes del vaso de la batidora con una cuchara). Luego añade la levadura nutricional, la sal, el carragenato y el almidón y bate con la misma cuchara o con unas varillas hasta que todo esté bien integrado. También puedes procesarlo todo junto para asegurarte de que no queden grumos, ya que te va a quedar una mezcla bastante espesa, nada que ver con cómo queda la base del queso original.

Agrega el aceite de oliva trufado y el aceite de coco líquido y remueve muy bien con la misma cuchara con que integraste el miso.

Crema de queso tipo brie con mini-tostas veganas

En un cazo, vierte la mezcla y caliéntala a fuego bajo durante unos 5 minutos, sin dejar de remover con una cuchara de silicona, hasta que tengas una pasta uniforme y viscosa que se despegue con facilidad de las paredes del cazo.

Retira del fuego y añade el vinagre de manzana que habías apartado. Remueve muy despacio al principio o el vinagre saldrá despedido. Ve haciendo que se integre con movimientos envolventes. Una vez que lo esté, vierte la mezcla en un tuper y déjala enfriar, sin tapar, a temperatura ambiente.

Una vez que se haya enfriado, tápala y guárdala en el frigo. Aguanta unos 10 días refrigerado, pero a nadie en su sano juicio le duraría tanto.

Y na, lo de siempre, si la hacéis, contadme. Me viene bien ese feedback para saber si os ha gustado o si la habéis mejorado o whatever 🙂

(*) Lo de “colmada” o “un poco menos que rasa” es tal cual lo hice yo. Intentaré ajustarlo a medidas normales cuando la repita.

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quinua con cosas verdes

quinua con cosas verdes, queso y nueces

Efectivamente, el nombre de este plato no está sacado de ninguna guía Michelín, pero cuando lo hago y viene mi hija del instituto preguntando qué vamos a comer ese día, responderle “quinua con cebolla, puerro, judías verdes, espárragos, calabacín, brócoli y edamame” me parecería darle demasiada información. Así que al final se le quedó “quinua con cosas verdes”; que viene a ser como cuando tu madre se pasa 9 meses pensando qué nombre te pondrá y al final todo el mundo te acaba llamando illo cabesa.

Anyway, y aunque ya os he hecho un spoiler que te cagas desvelando los ingredientes, voy a compartir el truco que me dio mi amiga Karolina Barsallo en su día, para que la quinua quede riquísima y no amargue.

Ingredientes.

  • Verdura (la que quieras, todo es opcional, pero la que yo echo es)
    • 1 puerrro.
    • 1 cebolla.
    • 1 manojo de judías verdes redondas (como 200 gr. o así).
    • 1 manojo de espárragos verdes.
    • 1 calabacín verde o blanco (pequeño).
    • 1 brócoli pequeño.
    • unos 200 gr. de edamame en vainas.
  • 1 taza de quinua (*).
  • 2 tazas de agua filtrada.
  • AOVE.
  • Sal.
  • Pimienta negra recién molida (opcional).
  • Caldo de verdura en polvo (opcional).
  • Nueces picadas o algún otro fruto seco crudo (opcional).

Preparación.

Preparar la quinua.

lavando la quinua

El truco no es otro que… (redoble de tambor) lavarla muy bien. Y con lavarla muy bien me refiero a MUY MUY BIEN. Lo que yo suelo hacer es ponerla en un bol grande, de cristal, cubrirla bien de agua y dejar que se vaya al fondo. Habrá granos que queden flotando formando grupitos, pero no te preocupes, cuando los hundes un poco con la mano, se van al fondo también. Metes la mano y la mueves, como si estuvieras jugando con la arena de la playa, y verás que el agua se enturbia bastante. Luego te pones a preparar la verdura, y entre cortar una y otra, cambias el agua. No hace falta que la cueles, con que tires el agua con cuidaíto de que no quedarte sin quinua, vale; luego le echas más agua, haces lo mismo de antes (hundir los grupitos flotantes que haya), mover con la mano y dejar reposar mientras vas picando más verdura. Yo suelo hacer esto 4 ó 5 veces, hasta que tengo toda la verdura lista. El agua del final no sale transparente pero sí bastante clara comparada con la del principio. Esa última vez escurre todo lo que puedas, puedes usar un chino (colador) o un colador normal poniendo una tela quesera para que la quinua no se te vaya por los agujeros, ya que es bastante pequeña.

Preparar la verdura.

quinua con cosas verdes, detalle

Esta parte no tiene mucha ciencia… Coge la verdura que quieras ponerle, pela o lava la que haya que pelar o lavar y córtala muy chiquitita. O no. Yo la corto así porque me gusta cómo queda y porque aunque se tarda un poquillo más, se hace antes. Luego la vas sofriendo en una sartén grande – date cuenta que además de la verdura, tiene que caber la quinua- empezando por la cebolla y el puerro y añadiendo el resto de verduras excepto el edamame.

También hay verduras, como los espárragos, las judías verdes y el brócoli, que puedes precocinar si tienes microondas y un estuche de vapor de Lekue (yo uso éste). Una vez precocinada, la cortas y la añades a la sartén para que termine de hacerse con el resto de verduras. En el caso de los espárragos, dejad las puntas lo más intactas posibles para que al servirlo luzcan más 🙂

En un cazo aparte, ve cociendo el edamame (en el estuche de Lekue no queda guay, mala suerte) con un buen puñao de sal. Cuando esté, enfríalo para poder sacarlo de las vainas y añádelo al resto de verduras.

Terminar el plato:

Una vez que toda la verdura está sofrita y blandita, cuela bien la quinua y añádela a la sartén. Rehógala un poquillo, mezclando bien con las verduritas, añade agua y, si quieres darle más sabor, una cucharadita de caldo de verdura en polvo (yo uso éste). Baja el fuego al mínimo, corrige de sal y listo.

Ya sólo queda dejar que se consuma el agua y la quinua estará hecha.

Si cuando la sirvas, le añades un poco de pimienta negra recién molida, parmesano rallado de Violife (o cualquier otro queso vegano que te guste) y unas nueces, mal no le va a venir.

(*) aunque en una de las fotos la quinua que hay es de tres colores, de la marca Quinoa Real, desde que leí éste y otros artículos sobre el tema, intento no comprar quinua que no sea de origen local.

 

albóndigas de alubias blancas con salsa de cebolla.

Si eres de les que este año se han propuesto llevar un modo de vida más ético sacando a los animales de tu plato, esta receta es ideal para empezar a cocinar vegano, y lo es por varias razones:

  1. Porque prácticamente no hay ingredientes de esos raros que usamos nosotres (y que usarás tú de aquí a nada) y los que hay se encuentran ya muy fácilmente en mil sitios.
  2. Porque como verás es muy fácil de hacer.
  3. Porque es un plato bastante completo nutricionalmente hablando y fácil de comer si, como yo, te acabas de poner braquets a la vejez.
  4. Porque es fácilmente porcionable y se puede congelar.
  5. Porque están buenísimas 🙂

La receta original de las albóndigas la saqué del libro que me compré hace un año cuando estuve en Edimburgo y con el que acabó cargando Nacho el resto del día, porque los libros en papel y en tapa dura, cuando llevas un ratito andando, pesan. Como es el caso de éste: Eat like you give a fuck. Pero qué le voy a hacer, a mí eso de leer en ebook me parece una modernez; yo soy de libros-libros, de los que tienes que tener cuidaíto de que no les caiga nada si te los llevas a la cocina y de los que acaban llenos de marcadores señalando tooooodos esos platos que quieres probar.

Yo le añadí la avena porque me pareció oportuno y la verdad es que, una vez pasadas por el horno, de textura quedaron geniales, pero podéis no echársela si no queréis, porque la original no lleva. Por supuesto, le podéis añadir o quitar las especias que os dé la real gana, igual que podéis pasar de la salsa de soja si tenéis algún problema de hipertensión y os lo tomáis en serio, no como una que yo me sé…

Ni una sobró en mi casa. Hasta a mi hija, que es muy fan de las albóndigas de carne que le hacen sus abuelas cuando va a sus respectivas casas, le encantaron. A ésta la veganizo yo como que me llamo Gema.

Si las hacéis, me contáis, porfa, que me hace ilusión una mijita de feedback 🙂

Ingredientes:

  • 3 Tazas de alubias blancas cocidas. Si son de bote, viene a ser un bote de los de 500/600 gr.
  • 2 cebollas medianas (1/4 Taza para las albóndigas y el resto para la salsa, ojo).
  • 3 dientes de ajo.
  • 1/2 Taza de pan rallado.
  • 1/4 Taza de levadura nutricional.
  • 1/4 Taza de copos de avena finos.
  • 2 Cucharadas de AOVE.
  • 1 Cucharada de salsa de soja.
  • 1 cucharadita de ajo en polvo.
  • 1 cucharadita de orégano seco.
  • 1 cucharadita de tomillo seco.
  • 1 cucharadita de albahaca seca.

Para la salsa.

  • La cebolla picada que no usaste antes.
  • Margarina o AOVE para pochar la cebolla (la que necesites).
  • Vino blanco vegano.
  • 3 cucharaditas colmadas de harina de arroz.
  • Agua filtrada.
  • 1 Cucharada de salsa de soja.
  • 1/2 cucharadita de caldo granulado de verduras (yo uso éste).
  • Pimienta negra molida.
  • Tomillo seco (o cualquier hierba que te guste a ti)

Preparación. 

Pica las cebollas en una picadora o a mano, pero asegúrate de que queda muy pequeñita. Mide 1/4 de taza para las albóndigas y reserva el resto para la salsa.

Pica los ajos muy chiquititos. Tanto el ajo como la cebolla van a ir crudos a la masa.

albóndigas de alubias blancas

albóndigas listas para entrar en el horno

Cuela las alubias del bote (si las has usado ya cocidas) y enjuágalas un poco. Yo les quité el exceso de aquafaba del principio, pero no las enjuagué todas porque la aquafaba hace las veces de huevo. Si las has cocido tú, añade si quieres una cucharada o así del líquido de cocción (una vez frío) a las judías. Ahora bátelas en una batidora de vaso  o en la Thermomix hasta que quede una pasta fina, tipo hummus. Si queda alguna alubia entera o algunos trozos, no pasa nada.

En un bol grande, mezcla todos los ingredientes (recuerda que de cebolla sólo tenías que echar 1/4 taza) y haz que se integren usando las manos. La masa estará pegajosa, pero no pasa nada. Una vez que esté todo bien mezclado, déjala reposar unos 15 minutos. Mientras reposa, precalienta el horno a 200ºC dejando fuera la bandeja con un papel vegetal para ir colocando las albóndigas en ella.

Ahora ve cogiendo un poco de masa con las manos, dándole forma de albóndiga y colocándola sobre la bandeja. Cuando las tengas todas (te saldrán unas 30), échate un poco de AOVE en la palma de las manos – recién lavadas y secas – y repasa cada bola. Quedarán con la superficie lisa y engrasada. Cuando el horno esté caliente, mételas y déjalas 15 min. Saca la bandeja, dale la vuelta a cada albóndiga (y si hace falta y no te achicharras, dales forma si se han quedado demasiado aplastadas y las quieres redonditas) y déjalas otros 15 min.

albóndigas de alubias blancas con salsa de cebolla

albóndigas de alubias blancas con salsa de cebolla

Mientras las albóndigas están cogiendo color en el horno, ve haciendo la salsa. Pon en una sartén, preferiblemente antiadherente, la cebolla picada que no usaste para las albóndigas y una nuez de margarina vegana o un chorrito de AOVE, lo que más coraje te dé. Cuando la cebolla esté dorada y blandita, añade un buen chorreón de vino blanco vegano (opcional, si no puedes/quieres, no se lo eches), sube el fuego y deja que se evapore. Ahora añade la harina de arroz y mezcla muy bien con la cebolla. Quedará como una pasta; no te preocupes, es normal. A poquitos, ve añadiendo agua a esa pasta, de forma que vaya quedando una especie de salsa espesa, sin dejar de remover. Deja de añadir agua cuando tenga la consistencia que quieres. Al final, añade el caldo granulado de verdura, la salsa de soja, la pimienta negra molida y el tomillo (o la hierba que quieras echarle) y remueve muy bien

Cuando hayan pasado los 30 minutos de horno, saca las albóndigas y sírvelas con la salsa y unas patatillas fritas, y a disfrutar 🙂

 

 

pepper jack

Éste es uno de esos quesos agradecidos, que se hace en lo que dura una versión de Layla en directo y que -salvo a quienes no les vaya mucho el picante- gusta a todo el mundo. La receta la encontraréis en este libro, que es una maravilla y que no me cansaré de recomendar. Así que lo hacéis y subís fotos a Instagram o a alguna otra red social, sed agradecidxs y poned algún hastag que haga referencia a Conroy o a su libro (tipo #thenondairyevolutioncookbook).

Pepper Jack sobre crackers salados

Para hacer este queso, y esto vale igualmente para todos los que lleven aceite de coco, os recomiendo que NO uséis una sartén antiadherente sino una normal, de piedra o de hierro, o incluso un cazo, para que el aceite no resbale en las paredes de la sartén. Yo al principio siempre usaba una antiadherente y me costaba la vida ligar la base (leche de soja) con la grasa (aceite).

Os recomiendo también que para integrar el aceite con la mezcla de leche uséis al principio unas varillas y, una vez integrado, una espátula de silicona (de lo contrario se os quedaría mucho queso en las varillas al final).

Por lo demás, no tiene mucha ciencia: mezclar, calentar, integrar y esperar a que se enfríe. Se tarda más en explicar cómo se hace que en hacerlo, palabrita 🙂

En mi casa vuela, así que no os puedo decir cuánto dura en buenas condiciones en el frigo, aunque al llevar base de leche calculo que unas dos semanas. A mí me encanta usarlo en sandwiches calientes, porque funde, aunque también está buenísimo en frío sobre unos crackers salados.

Ingredientes. 

  • 1 y 1/3 de Taza de leche de soja o de almendra sin edulcorar. Si es casera, mejor.
  • 1/4 de Taza de almidón de yuca/tapioca (como éste).
  • 2 Cucharadas de levadura nutricional (yo uso ésta).
  • 4 cucharaditas de de carragenato Kappa (yo lo compro aquí).
  • 1 y 1/4 cucharadita de sal fina de mesa no yodada.
  • 2/3 de Taza de aceite de coco refinado.
  • Jalapeños en conserva, verdes y/o rojos. Al gusto. Yo suelo ir cortando hasta que lleno 1 Cucharada bien densa.
  • 1 cucharadita de ají (guindilla seca en escamas).
  • 2 cucharaditas de vinagre de manzana.
  • 1/4 de cucharadita de ácido láctico en polvo o, si no lo encuentras, 1 cucharadita de zumo de limón.

Preparación.

Salvo que lo hagas en pleno verano y el aceite de coco esté derretido, lo primero que debes hacer es poner el tarro al baño María para fundir el aceite y poder apartar el que vas a necesitar. Si se funde más del que acabes usando, no te preocupes: volverá a solidificarse de nuevo, así que no se desperdicia nada.

Pepper Jack fundido en un sandwichito 🙂

Mientras se funde el aceite, echa la leche de soja, el almidón de yuca, la levadura nutricional, el carragenato y la sal en el vaso de la batidora y bátelo todo unos segundos para que se mezcle bien. Puedes hacerlo con la batidora o con unas varillas, lo importante es que no queden grumos.

Deja medido el vinagre y el ácido láctico o el zumo de limón que necesitarás más adelante y reserva.

Lava los jalapeños que vayas a usar para quitarles el sabor a vinagre y córtalos en cuadraditos minúsculos. Luego mide los copos de guindilla seca y reserva todo en un plato. En este punto ten cuidado, no vayas a tocarte un ojo sin querer antes de lavarte las manos. Eso sí, si lo haces, sube tu foto a Instagram desde urgencias y etiquétame para que pueda ponerte eso de te lo dije.

Prepara el molde donde vayas a enfriar el queso más tarde. Yo suelo hacerlo en un tuper que forro con papel transparente del grueso (lo compro en Mercadona) para poder luego desmoldarlo bien.

Ya debería estar derretido el aceite de coco que necesitarás. Apaga el fuego, deja el bote al calor residual del agua y vamos al lío.

bloque de Pepper Jack reposando antes de meterlo en el frigo

Vierte en la sartén la mezcla que batiste previamente. Lo ideal sería hacerlo con la leche a temperatura ambiente/templada. Si has usado la leche directamente del frigo, enciende el fuego (bajo) y deja que la mezcla se temple un poco antes de añadir el aceite. Ahora mide los dos tercios de taza de aceite de coco líquido, añádelos y bate bien con unas varillas, procurando que se mezcle (no esperes que quede integrado inmediatamente). A continuación, a fuego bajo, ve removiendo lentamente con la espátula. Hazlo como si estuvieras rebañando la sartén con la espátula, desde los bordes hacia dentro. La mezcla irá siendo cada vez más uniforme e irá espesando.

Si por lo que sea, antes de añadir los jalapeños, se te corta la emulsión, retírala del fuego y trata de ligarla removiendo enérgicamente. Si aun así no liga, échalo todo en un vaso de batidora y bátelo. Luego vuelve a echarlo en la sartén y sigue calentando y moviendo con la espátula hasta que espese.

Cuando vaya tomando consistencia de nata espesa, añade los jalapeños y la guindilla en escamas e intégralos. Sigue removiendo hasta que la mezcla se separe de los bordes con facilidad y tengas una masa viscosa y uniforme. Una vez que la tengas, apaga el fuego, retira la sartén del calor residual y añade el vinagre y el ácido láctico (o el zumo de limón) que habías reservado antes. Ten cuidado al integrarlo porque el vinagre tiende a resbalar sobre la mezcla y a salir disparado de la sartén, así que hazlo moviendo con mucho cuidado.

Una vez que veas que se ha integrado bien, añade rápidamente la mezcla en el tuper que tenías preparado y deja enfriar una media hora a temperatura ambiente. Pasada esa media hora, tápalo y mételo en el frigo.

En su libro, Conroy recomienda envolver el queso en papel de cocina para secar el exceso de aceite. Yo no lo hago y queda bien, pero si os parece que está demasiado graso, hacedlo y luego retirad el papel.

tartar de berenjena ahumada

De todas las verduras del mundo, hasta que descubrí este tartar, la berenjena era la única que no me gustaba. Salvo frita, claro, pero porque frita hasta una alpargata está buena. Si no lo hago más a menudo es porque en Sevilla, durante 6 meses al año mínimo, hace demasiado calor como para asar berenjenas al fuego. Y porque se echa una mañana en hacerlo y yo tengo muchísimas series pendientes de ver y muchísimas opiniones que compartir en mi feisbuk.

tartar de berenjena ahumada

Anyway, el finde me quedé en camiseta y bragas, me armé de paciencia y me puse a quemar berenjenas como si fuera otoño de verdad y no estuviéramos a 35º a la sombra***. El resultado, aunque sólo podáis valorarlo en las cutre-fotos que saco, mereció la pena. Y el olorcillo a berenjena ahumada en toda la casa, ni os cuento <3.

Os dejo por aquí la receta con el permiso de Toni Rodríguez, que es de quien la aprendí en un taller que dio y que es más majo que ojú.

Ingredientes. 

  • 1.5 kilo de berenjenas.
  • 2 dientes de ajo.
  • zumo de 1 limón.
  • 60 gr. de aceite de girasol.
  • 100 gr. de tahini (mejor si es tostado).
  • sal.

Para el aliño:

  • 50 gr. de AOVE bueno.
  • 50 gr. de aceitunas buenas. Yo usé tipo Kalamata.
  • 70 gr. de piñones crudos.
  • perejil fresco.

Preparación.

Para hacer bien bien esta receta, necesitarás o tener fuego de gas de los de toda la vida, o un soplete. Si no tienes ninguna de las dos cosas, el horno te hará el avío, pero tu cocina no olerá igual, también te lo digo.

berenjena al fuego

Lo primero que tenemos que hacer es lavar las berenjenas, secarlas con un paño y pincharlas por todas partes con un tenedor de los pequeños (esto se hace para que no estallen).

Ahora enciende el fuego, o el soplete, o el horno a 180º si no tienes otra cosa. Si las haces sobre el fuego, ve poniéndolas directamente sobre el quemador (ver foto), girándolas de vez en cuando usando unas pinzas de cocina largas. Para hacerlas con el soplete, sujétalas con las pinzas y mételes fuego a saco igual. Si las vas a hacer al horno, ponlas sobre un papel vegetal y déjalas hasta que estén tiernas.

De lo que se trata es de que la piel se achicharre y el interior quede blandito. Se tarda un rato, sobre todo si las haces al fuego o con soplete, porque tienes que ir quemándolas una a una, pero te aseguro que merece la pena. Además es bonito de ver y luego huele toda tu casa que alimenta.

tartar sobre galletas con sal

Conforme vayas teniéndolas listas, ve metiéndolas en una bolsa de plástico (de las del súper o de las que te dan al comprar el pan, pero que esté limpia), ciérrala con una pinza por ejemplo y déjalas reposar dentro durante unos 15 min. Con este paso conseguirás que la piel de la berenjena se desprenda con facilidad cuando la saques de la bolsa. Si ves que quema mucho, hazlo con guantes o con el borde de un cubierto.

Según les vayas quitando la piel, déjalas encima de un colador para que pierdan el suero y se terminen de enfriar.

Ahora coge una de ellas, o dos si son pequeñas (unos 300 gr), y tritúralas junto con el tahini, el ajo, el zumo de limón, el aceite y la sal. El resto de berenjenas córtalas en daditos pequeños y agrégaselos a la mezcla anterior.

Para hacer el aliño, tuesta los piñones ligeramente en una sartén y, una vez fríos, pícalos un poco reservando algunos enteros para la presentación. Luego pica el perejil y las aceitunas y mézclalo todo con el AOVE.

Sírvelo sobre rodajitas de pan tostado con un poco de aliño por encima o cómetelo a cucharás cuando nadie te vea, tú mismx :).

 

*** Cuando empecé a escribir la receta era mediados de octubre y en Sevilla nos estábamos asando. Así de procrastinadora soy.

 

 

 

 

 

 

 

sitios donde amé la vida

Cantaba Chavela, con esa voz desgarrada por el alcohol y los años, que uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida.

Cristina, Olga, Claudia y yo. Chicas de más o menos 40 🙂

En mi caso, Granada es sin duda uno de los sitios donde más he amando la vida. Y es que Granada, para mí, es el hotel donde Nacho me pidió que me fuera a vivir con él. Es un ventanal en el Albaicín desde el que vi uno de los amaneceres más bonitos que me hayan regalado nunca. Es Leonard Cohen cantando ‘I’m your man’ mientras yo lloraba desde la grada 15 años de relación como una niña chica. Es la luna llena desde un banco de piedra junto a la Alhambra. Es una despedida en la estación como si no hubiera nadie más allí. Es una cena con palillos, una peli mala y una bañera para dos. Es un ramo de flores de chocolate y un libro con pop-up que leer en un tren de vuelta a casa.

Quizá por eso cuando Claudia, Cristina y Olga propusieron que quedáramos un finde allí pa’charlar, beber y comer, algo me dijo que aquello sólo podía salir bien.

con mi gemela en el karaoke

Y p’allá que me fui, con un par de tortillas, un tuper con alioli, dos quesos hechos el día antes y un manojito de nervios, a ponerles cara a dos mujeres con las que llevaba un año compartiendo intimidades por wasap, y a abrazar mucho a una tercera que se nos había adelantado por razones que ella misma contará en su blog.

Y, qué cosas, a veces una no sabe lo que necesita hasta que lo tiene…

Ahora Granada también será la Jurado. Y limonadas de hierbabuena. Y charlas alrededor de una tortilla por la mañana. Y los nervios al ver la comida en la mesa. Y polvorones de pistachos. Y copas propias y ajenas. Y salir a bailar con un desconocido. Y volver al piso haciendo eses por la calle y caer en la cama como quien cae de un quinto piso. Y compartir una cachimba de frutas del bosque. Y albóndigas con tomate y falafel y fajitas con mole y fateh y mujamara y tabulé de verdad. Y fotos en las que no salgo de espalda y no me veo ni mal. Y canciones desafinadas que se bailan todas igual. Y risas. Muchas.

Cris y Olga dándolo todo

Y qué falta me venía haciendo algo así… Ahora lo sé.

Como sé que a veces una necesita parar y regresar a esos sitios donde amó la vida, con el único fin de celebrarla. Que si realmente son dos días los que estamos aquí, qué menos que abrazar y beber y cantar y comer y reír mientras podamos, acompañadxs de gente que merezca la pena.

Y ya que me he sentado por fin a escribir todo esto, voy a proponer oficialmente a las chicas de 40 más o menos, que esto se convierta en tradición y que, al menos una vez al año, volvamos todas a Granada a seguir amando la vida.

Pd. La banda sonora de esta crónica no podía ser otra mas que ésta 🙂 :

 

heura a la cerveza

Para lxs que no hayáis oído hablar de ella aún, la Heura es una proteína 100% vegetal a base de soja que, a diferencia de otras que podemos encontrar secas, viene ya hidratada. Pero lo que rompe la pana de verdad de este producto es su textura, tipo pollo, que no tiene nada que ver con la del resto de sojas deshidratadas que conozcáis.

heura a la cerveza

Si no la habéis probado todavía, sabed que hay 3 presentaciones del producto (todas ellas congeladas): tacos, tiras y bocados, cada uno de ellos especiados o sin especiar. Personalmente los que más me gustan son los bocados; que sean especiados o no me da un poco igual porque al final siempre los especio yo como me da la gana. En cuanto al formato, la hay en cajas de 180 gr. (para 2 ó 3 personas; en mi casa sería para 2), o en paquetes de kilo y medio, que son los que yo compro, por encargo, en mi tienda habitual (podéis ver la que os pilla más cerca aquí). Luego voy sacando porciones conforme se me va antojando o cuando no me apetece ponerme a cocinar nada elaborado.

Por si no ha quedado claro aún, a pesar de que confesar que la compro en paquetes gigantes era una muy buena pista, la gordivegan que hay en mí es súper fan de la Heura. Es más, de todos los productos veganos que he probado, de ésos que pretenden sustituir a la carne/pescado/quesos o cualquier otra cosa omni que has dejado de comer por una cuestión moral, no porque no te gusten, esta especie de no pollo es, pero de lejos lejísimo, mi favorita.

Por descontado, que me encante a mí no quiere decir que a vosotrxs os tenga que encantar también… Y es que el gusto es como el culo, cada uno tiene el suyo. Yo, por ejemplo, cuando era adolescente (¡ah, los 80!) me compré un single de Estefanía de Mónaco porque me flipaba muchísimo. Ea, ya lo he dicho. Y si eso es algo que me atrevo a soltar alegremente por aquí, imaginaos cómo será lo que me guardo porque sí me avergüenza…

Con to y con eso, estoy bastante convencida de que, si lo intentáis, con la Heura podéis veganizar casi cualquier receta con pollo que echéis de menos (fajitas, pinchitos, no pollo en salsa). Luego sólo tenéis que dársela a probar a vuestrxs amigxs omnis, sin decirles que es vegana, y esperar a ver las caras que ponen cuando se enteren de que lo que están comiendo es soja. Muajaja.

Yo de momento os dejo esta recetilla por si queréis ir practicando. Como veréis, tiene la misma dificultad que pelar un plátano.

Ingredientes (para dos personas).

  • 180 gr. (aproximadamente) de bocados de Heura (especiados o sin especiar).
  • AOVE.
  • Sazonador pollo asado (al gusto; yo compro el de Mercadona, que es vegano).
  • 1 cebolla mediana.
  • 1 diente de ajo grande (ó 2 pequeños).
  • 1 cucharadita de albahaca seca.
  • 1/2 cucharadita de orégano seco.
  • 1/4 cucharadita de tomillo seco.
  • 1/4 cucharadita de romero seco.
  • Sal.
  • Pimienta negra molida (al gusto).
  • 1/2 quinto de cerveza (la que os guste; yo uso una rubia de marca blanca de Mercadona).

Preparación. 

heura a la cerveza con pisto casero

En una sartén mediana, echa un chorro de AOVE, ponlo a fuego medio-alto y añade la Heura. Puedes añadirla congelada (en cuyo caso tardará más en hacerse) o previamente descongelada en el micro (total o parcialmente). Ten en cuenta que los bocados son trozos irregulares y los más grandes necesitarán más tiempo.

Cuando lleve unos 3 minutos (unos 6 ó 7 si la echaste congelada), añade sazonador de pollo asado a tu gusto. Ten en cuenta que este tipo de mezclas suelen llevar sal, así que mejor echar poco y luego añadir más si quieres, a echar demasiado y que luego no se pueda comer. Mueve para que el sazonador se mezcle bien con toda la Heura y deja que se siga haciendo.

Mientras la Heura se hace por dentro y se dora por fuera, que es el objetivo, ve cortando la cebolla en dados pequeños y el ajo muy chiquitito y reserva. Una vez que esté dorada la Heura, añade la cebolla que has cortado y, si hiciera falta, un chorreón más de AOVE. Mueve bien y deja que la cebolla se ponga tierna (unos 3 minutos). Cuando lo esté, añade el ajo, la pimienta negra y las hierbas. mezcla todo muy bien y deja que se haga un par de minutos más o hasta que la heura esté tierna por dentro. Prueba de sal y si te parece que está soso, añade un pellizco.

tiras de heura

Ahora vierte sobre la Heura medio quinto de cerveza (el otro medio te lo puedes beber tú, que para eso estás cocinando), remueve y deja que se evapore a fuego medio-alto.

Et voilà, ya la puedes servir 🙂

Esta receta, tan sencilla como es, está de muerte, sobre todo si la acompañas de unas papas fritas caseras o de un poco de verdura (calabacín a la plancha, pisto, etc.). Si la hacéis, me contáis, plis.

Nota sobre las hierbas: 

Una cosa que me da muchísimo coraje cuando estoy comiendo algo que lleva tomillo, romero, o cualquier otra hierba “dura”, es que se me acaben clavando entre los dientes. Para solucionarlo, hace tiempo que me compré (me regalaron más bien) un molinillo de café de esos potentes y lo que hago es moler ese tipo de hierbas hasta que queden como polvo y luego volver a echarlas en sus correspondientes botes.

Pero si no sois tan tiquismiquis como yo, podéis añadirlas tal cual 🙂

Pd. Haber elegío muerte.